El Hombre de la Síndone, reconstruido en 3D

“Consideramos que tenemos finalmente la imagen precisa de cómo era Jesús en esta tierra. De ahora en adelante ya no se le podrá representar sin tener esta obra en cuenta”. El profesor ha confiado al semanario Chi la exclusiva de esta obra suya, y les reveló: “Según nuestros estudios, Jesús era un hombre de una belleza extraordinaria. Esbelto, pero muy robusto, tenía un metro ochenta centímetros de alto, cuando la estatura media de la época era de 1,65 metros. Y tenía una expresión real y majestuosa”

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Cristo, y los dones preternaturales que tuvo Adán

Fray Nelson: En la enseñanza de fe hemos aprendido que Adán y Eva fueron creados en gracia, sin pecado y con dones preternaturales entre los que destacaría no enfermarse y no morir (si estoy en lo correcto); todos estos dones se perdieron por la mancha del pecado. Ahora bien, siendo Cristo Dios y verdadero hombre, habiendo nacido sin pecado y por ello definido como “el nuevo Adán”, ¿uno podría afirmar que Cristo tenía estos dones preternaturales y que la única forma de que conociera la muerte era producto del asesinato ya que por vía natural no podría morir al tener en sí los dones preternaturales? — L.T.

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La palabra “preternatural” tiene una clave para nuestra respuesta. “Praeter” en latín es aquello que está “al lado de,” es decir, algo que es compatible pero que no es esencial ni integral. Pensemos en el vestido. En principio, el ser humano puede vivir sin vestirse. Una vida así tendrá inconvenientes de diverso género pero no es imposible, y sobre todo, no supone una negación de la naturaleza humana. Uno podría decir, con algo de metáfora, que el uso del vestido es algo “preternatural.”

Con es aclaración, volvamos al caso de Cristo. Siendo una sola Persona, la Persona del Verbo Eterno del Padre, y sin abandonar su naturaleza divina, ha asumido nuestra naturaleza humana, que se sintetiza en el hecho de tener en unidad sustancial un verdadero cuerpo humano y una verdadera alma humana. Lo “preternatural” no es indispensable para afirmar que él es verdadera y plenamente humano.

Santo Tomás de Aquino estudia este tema en la Suma Teológica, en la III parte, cuestión 14. Así por ejemplo, en el artículo 3, dice: “El tomó, en efecto, la naturaleza humana sin el pecado, en la pureza que tenía en el estado de inocencia. Y de igual manera hubiera podido asumir una naturaleza humana exenta de defectos. Por consiguiente, queda claro que Cristo no contrajo tales defectos como tomándolos a modo de deuda por el pecado, sino por su propia voluntad.”

¿Y qué quería Cristo al tomar una naturaleza completa pero marcada por defectos que son efecto del pecado? Santo Tomás trata el asunto en la misma cuestión 14, artículo 1, ad tertium: “La pena es siempre consecuencia de la culpa, actual u original, unas veces del que es castigado, otras de aquel por quien satisface el que padece las penas. Y esto es lo que aconteció en Cristo, según Is 53,5: El fue herido por nuestras iniquidades, y molido a causa de nuestros pecados.”

¿Y con respecto a la muerte? Dado el modo de naturaleza (defectuosa) que Cristo asumió, por amor a nuestra salvación, la muerte natural hubiera acaecido también, nos sigue enseñando el Doctor Común, ene l artículo 3 de la mencionada cuestión, ad secundum: “La causa de la muerte y de los demás defectos de la naturaleza humana es doble: una, remota, cimentada en los principios materiales del cuerpo humano, por estar éste compuesto de elementos contrarios. Pero esta causa estaba impedida por la justicia original. Y, por eso, la causa próxima de la muerte y de los otros defectos es el pecado, que motivó la privación de la justicia original. Y como Cristo estuvo exento de pecado, de ahí que digamos que no contrajo los defectos aludidos, sino que los asumió voluntariamente.”

En todo esto lo que brilla es el amor de misericordia, que todo lo hizo, según proclamamos en el Credo, “por nosotros y por nuestra salvación.”