Las máquinas deben estar regidas por el principio de salvar a los seres humanos

Programar inteligencia artificial es un verdadero reto. Pero necesario. En muchos dilemas no nos ponemos de acuerdo, unos piensan de una manera y otros de otra, y se queda la decisión sin tomar. Pero aquí no se puede no legislar. Imagine el típico ejemplo de un coche autónomo. Quizá en algún momento tenga que decidir entre arrollar a un niño o a un abuelo. Hay que programar algo para ese instante, porque el día que se produzca un accidente la gente empezará a quejarse.

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La inteligencia artificial no tiene nada de humana

“Manuel Alfonseca (Madrid, 1946) ha simultaneado 20 años de trabajo en IBM o la dirección de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Autónoma de Madrid con la publicación de más de 50 novelas. El ahora profesor honorario de la UAM es uno de los mayores especialistas en España sobre inteligencia y vida artificial, un campo en plena ebullición con colosales implicaciones éticas y religiosas…”

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¿Es verdad aquello de que estamos usando sólo una pequeña parte de nuestro cerebro?

“La ley de atracción es una creencia falaz donde se sostiene que los pensamientos, sean conscientes o inconscientes, influyen sobre la vida de las personas afirmando que son “unidades energéticas” que devolverán a la persona que los emite, una “onda” similar. Se profesa un antiguo pensamiento esotérico, de correspondencia en el universo y que los acontecimientos que nos suceden son atraídos por nuestros pensamientos. Para hacerla funcionar se necesita: “Saber lo que uno quiere”, “Pedírselo al Universo” (como si fuera una divinidad), actuar, sentir y pensar como si lo deseado ya se hubiese adquirido y estar abierto a recibirlo…”

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