Confusiones frecuentes

La gente suele confundir…

* Lo que es NORMAL, con lo que es COMÚN.

* El NIVEL DE VERDAD, con el NIVEL DE APROBACIÓN.

* El ÉXITO, con la RIQUEZA.

* La INTIMIDAD, con el SEXO.

* La FELICIDAD, con el PLACER.

* El TRABAJO, con la AGITACIÓN.

* El FRACASO, con el CANSANCIO.

* El NIVEL DE IMPORTANCIA con el NIVEL DE ESTRÉS.

* La ALEGRÍA, con la RISA.

* El HONOR, con la FAMA.

* La HONRA, con la POPULARIDAD.

* La PAZ, con la TRANQUILIDAD.

La otra cara del consumismo

“«Debemos hacernos mirar el armario», dice la responsable en España de la red internacional Dignitex, advirtiendo de que, con nuestros patrones de consumo de ropa, las sociedades occidentales somos cómplices de la explotación laboral y la contaminación ambiental en el resto del mundo…”

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¿Qué clase de trato debe haber entre creyentes y no creyentes?

A los fieles se les prohibe el trato con alguna persona por dos razones: la primera, en castigo de aquel a quien se le sustrae la comunicación con los fieles; la segunda, por precaución hacia quienes se les prohibe el trato con ella. Ambas razones pueden deducirse de las palabras del Apóstol. Efectivamente, después de proferir la sentencia de excomunión, da como razón la siguiente: ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? (1 Cor 5,6). Y más abajo da otra razón por parte de la pena inferida por la sentencia de la Iglesia: ¿No es a los de dentro a quienes vosotros juzgáis? (1 Cor 5,12).

Si se trata, pues, del primer aspecto, no prohibe la Iglesia el trato de los fieles con los infieles que no abrazaron nunca la fe cristiana, es decir, los paganos o los judíos. La Iglesia, en efecto, no tiene competencia para juzgar a éstos en el plano espiritual, sino temporal, como en el caso de que, morando entre cristianos, cometan una falta y sean castigados con pena temporal por los fieles. De este modo, es decir, como pena, prohibe la Iglesia a los fieles el trato con los infieles que se apartan de la fe recibida, sea corrompiéndola, como los herejes, sea abandonándola totalmente, como los apóstatas. Contra unos y otros, en efecto, dicta la Iglesia sentencia de excomunión.

En cuanto al segundo título, hay que distinguir, de acuerdo con las condiciones diversas de personas, ocupaciones y tiempos. Si se trata, efectivamente, de cristianos firmes en la fe, hasta el punto de que de su comunicación con los infieles se pueda esperar más bien la conversión de éstos que el alejamiento de aquéllos de la fe, no debe impedírseles el comunicar con los infieles que nunca recibieron la fe, es decir, con los paganos y judíos, sobre todo cuando la necesidad apremia. Si, por el contrario, se trata de fieles sencillos y débiles en la fe, cuya perversión se pueda temer como probable, se les debe prohibir el trato con los infieles; sobre todo se les debe prohibir que tengan con ellos una familiaridad excesiva y una comunicación innecesaria. (S. Th., II-II, q.10, a.9, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

Ser cristianos en una sociedad postcristiana

1. La idea de que el cristianismo es como una especie de etapa y que pronto puede ser superada ha estado presente en la historia desde el siglo I.

2. Cristo anunció claramente la oposición entre su Evangelio y la lógica de este mundo. El centro del odio a la fe cristiana está en el primer mandamiento: aquello de que Dios es el Señor.

3. Principales fuentes de conflicto: no a la idolatría; no al uso del ser humano; no a la instrumentalización del odio (caso del marximos y del neomarxismo).

4. Opciones necesarias:

* Tomar conciencia del tiempo presente
* No fiarse de la sola cultura, o la inercia
* Fortalecer la familia
* Pertenecer a una comunidad
* Formación permanente
* La fe si no se da se pierde
* Sembrar a largo plazo
* No imponer pero sí ofrecer
* Oportunas expresiones públicas: la fe a la calle
* Orar, orar, orar

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