La discriminación anticristiana ya empezó

El enlace que va en este mismo boletín cuenta una historia con clara moraleja. Una pareja hace toda la preparación para adoptar un niño. Pero la agencia (canadiense) de adopciones de Ontario los rechaza porque “sus valores” (por ejemplo: creer en la Biblia) no coinciden con “las políticas” de la agencia de adopciones. Es decir, estamos ante una discriminación en toda regla: “eres cristiano, no puede adoptar.” Mira más información aquí.

Estaba pensando en eso cuando me sucedió algo interesante en YouTube. Subí un video hoy que lleva por título “La Eucaristía y la defensa de la vida” (lo puedes ver haciendo clic aquí). Cuando el video tenía exactamente 4 vistas (cuatro), ya YouTube me decía que, si quería monetizar ese video debía pedir una revisión especial por su contenido. Es decir: hablas de “defender la vida” y ya con eso eres sospechoso.

Papás: por favor, enseñen a sus hijos en qué mundo estamos. No les llenen de miedo pero tampoco los tengan en un mundo de complicidades, ni menso de fantasía.

Los otros católicos

“A lo largo y ancho de España hay algo más de 100.000 católicos ucranianos, 7.000 católicos rumanos católicos y en torno a 300 católicos siromalabares, de la provincia de Kerala, en la India. Vinieron a nuestro país en busca de una vida mejor pero no están dejados de la mano de Dios: en el Ordinariato para los católicos de rito oriental «nos ocupamos de que tengan los medios necesarios para vivir su fe, que las capellanías estén bien organizadas para que puedan tener sus sacramentos y sus catequesis», explica Andrés Martínez Esteban, vicario del Ordinariato en España…”

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Las iglesias europeas están sufriendo ataques

“Innumerables iglesias de toda Europa occidental están siendo objeto de actos vandálicos, defecaciones e incendios. En Francia, se profanan dos iglesias de media cada día. Según PI-News, una web de noticias alemana, se registraron 1.063 ataques a iglesias o símbolos cristianos en Francia en 2018. Esto representa un aumento del 17% comparado con el año anterior (2017), cuando se registraron 878 ataques, lo que significa que esos ataques sólo están yendo de mal en peor…”

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Una aclaración sobre las divisiones en la Iglesia

Me ha sucedido con alguna frecuencia últimamente que resulto acusado de crear o fomentar las divisiones en la Iglesia. Como es de esperar, la acusación va unida a frases relativamente piadosas como: “Dios no quiere odio ni división sino amor y unidad;” o también: “No debemos dar testimonio de separación sino de unión en la Iglesia.”

Lo interesante es preguntarnos en dónde empiezan las divisiones y cuál ha de ser nuestra actitud responsable cuando surgen esas divisiones.

Por ejemplo, en el siglo III hubo un sacerdote llamado Arrio que empezó a decir que Cristo era una creatura de Dios y que no era eterno como el Padre. Su dicho más repetido se conoce bien: “Hubo un tiempo en que Dios era Dios pero no era Padre.” Por supuesto, esa no es la fe católica. Y el “Cristo” de Arrio no es el nos predicaron los apóstoles.

La pregunta es: ¿qué debe hacerse cuando alguien hace eso con Cristo? ¿Es responsable quedarse callado para no perturbar la tranquilidad en la Iglesia? ¿Pero es que acaso esa tranquilidad, que abre espacio y complicidad a la mentira, es compatible con nuestra fe? ¿No hubiera bastado a tantos mártires negar algo “sencillo” como la Resurrección del Señor, la Maternidad Divina de la Virgen o la Divinidad del Espíritu Santo para que, en sus respectivas épocas, se les hubiera dejado en paz? ¿Eran entonces ellos los que causaban “división” o más bien eran ellos los que denunciaban las novedades heréticas que dividen y confunden a la Iglesia?

La falsa unidad, fruto de una tranquilidad irresponsable que deja pasar cualquier cosa que se diga, no es una señal de amor a Cristo sino de absoluto desinterés por su Persona, su Palabra y el valor de su sacrificio. ¿Tolerarías que se dijera cualquier cosa de tu padre difunto? ¿Permitirías que se lastimara la memoria de tu madre? ¿Por qué entonces hay que creer que de Cristo y de su Iglesia sí se puede decir lo que sea, y que todos debemos permanecer callados por no romper la paz? ¿Es paz o es mordaza?

Por supuesto hay que hablar con caridad pero la caridad no riñe sino que reclama la claridad propia de la verdad.