Contagiados del don inmenso de la fe

Reflexionamos sobre algunos de los personajes mencionados en el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos. De ABEL aprendemos que no puede uno ser justo, o sea, ajustarse al querer divino, si no es a través de la fe. De HENOC aprendemos que la fe no quiere solo mejorar el mundo sino también trascenderlo. De NOÉ aprendemos que la fe nos da una mirada y una escucha más profunda sobre lo que está sucediendo en el mundo y cuáles planes tiene el Señor al respecto. Por su parte, la historia de ABRAHAM nos enseña que las fuerzas humanas llegan hasta un cierto punto, así como Teraj, padre de Abraham según la carne, llegó hasta Jarán, pero el trayecto completo solo puede hacerlo quien va y ve más allá de la carne y la sangre. En definitiva, lo importante no es tener absoluta claridad sobre adónde vas o por donde te irás, sino de dónde te ha sacado el Señor (para apreciar su misericordia y para no devolverse allí), y tener muy claro con quién vas.

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La fe es la puerta y el cimiento de toda vida espiritual

La fe no empieza en el hombre, sea como expresión de sus vacíos, deseos o fantasías. Es en cambio RESPUESTA a la propuesta de amor que Dios le ofrece por muchos medios, particularmente en el esplendor de la creación y en la predicación de la Iglesia. Pero dar esa respuesta es un DON, que viene del mismo Dios, y por eso no puede ser demostrada a base de puras razones. El don divino nos permite afirmar unas cosas y negar otras, y por ello decimos que la fe también es CONOCIMIENTO. No se queda sin embargo en afirmación intelectual sino que contiene un dinamismo de CONFIANZA y de obediencia al Señor que así nos ha amado.

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¿Es razonable o conveniente frenar los ritos de otras religiones?

El gobierno humano proviene del divino y debe imitarle. Pues bien, siendo Dios omnipotente y sumamente bueno, permite, sin embargo, que sucedan males en el universo pudiéndolos impedir, no suceda que, suprimiendo esos males, queden impedidos bienes mayores o incluso se sigan peores males. Así, pues, en el gobierno humano, quienes gobiernan toleran también razonablemente algunos males para no impedir otros bienes, o incluso para evitar peores males. Así lo afirma San Agustín en II De Ordine: Quita a las meretrices de entre los humanos y habrás turbado todas las cosas con sensualidades. Por consiguiente, aunque pequen en sus ritos, pueden ser tolerados los infieles, sea por algún bien que puede provenir de ello, sea por evitar algún mal.

Mas del hecho de observar los judíos sus ritos, en los que estaba prefigurada la verdad de fe que tenemos, proviene la ventaja de que tengamos en nuestros enemigos un testimonio de nuestra fe y cómo, en figura, está representado lo que nosotros creemos. Por esa razón se les toleran sus ritos. No hay, en cambio, razón alguna para tolerar los ritos de los infieles, que no nos aportan ni verdad ni utilidad, a no ser para evitar algún mal, como es el escándalo, o la discordia que ello pudiera originar, o la oposición a la salvación de aquellos que, poco a poco, tolerados de esa manera, se van convirtiendo a la fe. Por eso mismo, en alguna ocasión, toleró también la Iglesia los ritos de los herejes y paganos: cuando era grande la muchedumbre de infieles. (S. Th., II-II, q.10, a.11, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

LA GRACIA del Miércoles 20 de Diciembre de 2017

María Santísima madre de Cristo y madre nuestra en el orden de la gracia, pide para nosotros el regalo de tu fe para ser fieles y discípulos del Señor como lo fuiste tú. Amén.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Ayúdanos a divulgar este archivo de audio en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios.]

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