Ojos para ver las maravillas de Dios

El arado que rotura y abre el surco, no ve la semilla ni el fruto.

Tu tarea de apóstol es grande y hermosa. Estás en el punto de confluencia de la gracia con la libertad de las almas; y asistes al momento solemnísimo de la vida de algunos hombres: su encuentro con Cristo.

Nadie puede sentirse tranquilo con una vida espiritual que, después de llenarle, no rebose hacia fuera con celo apostólico.

No es tolerable que pierdas el tiempo en tonterías cuando hay tantas almas que te esperan.

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Perseverancia en la evangelización

Al considerar que son muchos los que desaprovechan la gran ocasión, y dejan pasar de largo a Jesús, piensa: ¿de dónde me viene a mí esa llamada clara, tan providencial, que me mostró mi camino? -Medítalo a diario.

¿Vacilas en lanzarte a hablar de Dios, de vida cristiana, de vocación,… porque no quieres hacer sufrir?… Olvidas que no eres tú quien llama, sino El: «ego scio quos elegerim» -yo sé bien a los que tengo escogidos.

Has tenido una conversación con éste, con aquél, con el de más allá, porque te consume el celo por las almas. Aquél cogió miedo; el otro consultó a un “prudente”, que le ha orientado mal… -Persevera: que ninguno pueda después excusarse afirmando «quia nemo nos conduxit» -nadie nos ha llamado.

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