La necesidad de transmitir el Evangelio, y que sea el Evangelio completo

– ¿Por qué dice San Pablo que está “obligado” a predicar el Evangelio?
– En primer lugar porque predica, no por gusto, sino por amor, y el amor va mucho más allá del simple gusto. Y en segundo lugar porque el Evangelio es como la brisa, o como el agua de un río: no puedes de verdad aprovecharlo y disfrutarlo si no lo haces posible para otros. El Evangelio sólo existe en proceso de entrega.
– Entonces parece que eso de “evangelizar” implica meterse en la vida de otras personas, pero el Evangelio recomienda que uno no se meta a juzgar…
– Hay que diferenciar lo que es juzgar a las PERSONAS, que consiste en suponer que uno conoce qué será de ellas al final, de juzgar los ACTOS, que supone el necesario discernimiento de qué es lo bueno y qué es lo malo. Cristo prohíbe lo primero pero de ninguna manera lo segundo. De hecho, Cristo JUZGA, y los profetas juzgan, y los apóstoles juzgan de actos humanos. Y eso es parte de la entrada del Evangelio a las vidas.

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A tiempo y a destiempo

Algunos no saben nada de Dios…, porque no les han hablado en términos comprensibles.

Donde no te llegue la inteligencia, pide que te alcance la santa astucia [pillería], para servir más y mejor a todos.

Créeme, el apostolado, la catequesis, de ordinario, ha de ser capilar: uno a uno. Cada creyente con su compañero inmediato. A los hijos de Dios nos importan todas las almas, porque nos importa cada alma.

Más pensamientos de San Josemaría.

Claves de evangelización cotidiana

¿Que es vieja esa idea del catolicismo, y por tanto inaceptable?… -Más antiguo es el sol, y no ha perdido su luz; más arcaica el agua, y aún quita la sed y refresca.

La propaganda cristiana no necesita provocar antagonismos, ni maltratar a los que no conocen nuestra doctrina. Si se procede con caridad -«caritas omnia suffert!» -el amor lo soporta todo-, quien era contrario, defraudado de su error, sincera y delicadamente puede acabar comprometiéndose. -Sin embargo, no caben cesiones en el dogma, en nombre de una ingenua “amplitud de criterio”, porque, quien así actuara, se expondría a quedarse fuera de la Iglesia: y, en lugar de lograr el bien para otros, se haría daño a sí mismo.

El cristianismo es “insólito”, no se acomoda a las cosas de este mundo. Y ése es quizá su “mayor inconveniente”, y la bandera de los mundanos.

Más pensamientos de San Josemaría.