Homilía 27 enero 2019 – La unción que recibió Jesucristo para nuestro bien

Ya desde el tiempo de los Jueces el pueblo elegido descubrió que la unción es como el toque, sello, gracia particular de Dios que hace la diferencia en las batallas contra toda suerte de adversario. La Unción que ha recibido Cristo le sella como señal y camino de la victoria de Dios en favor de los que siempre son maltratados y omitidos.

LA GRACIA del Lunes 21 de Enero de 2019

El vino nuevo es a la vez la novedad del Espíritu Santo que nos renueva y es la sangre preciosa de Cristo, fruto santísimo que se exprime hasta lo último en la cruz.

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San Basilio Magno hablando sobre la acción del Espíritu Santo

De quien ya no vive de acuerdo con la carne, sino que actúa en virtud del Espíritu de Dios, se llama hijo de Dios y se ha vuelto conforme a la imagen del Hijo de Dios, se dice que es hombre espiritual. Y así como la capacidad de ver es propia de un ojo sano, así también la actuación del Espíritu es propia del alma purificada.

Así mismo, como reside la palabra en el alma, unas veces como algo pensado en el corazón, otras veces con algo que se profiere con la lengua, así también acontece con el Espíritu Santo, cuando atestigua a nuestro espíritu y exclama en nuestros corazones: Abba (Padre), o habla en nuestro lugar, según lo que se dijo: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Ahora bien, así como entendemos el todo distribuido en sus partes, así también comprendemos el Espíritu según la distribución de sus dones. Ya que todos somos efectivamente miembros unos de otros, pero con dones que son diversos, de acuerdo con la gracia de Dios que nos sido concedida.

Por ello precisamente, el ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Sino que todos los miembros completan a la vez el cuerpo de Cristo, en la unidad del Espíritu; y de acuerdo con las capacidades recibidas se distribuyen unos a otros los servicios que necesitan.

Dios fue quien puso en el cuerpo los miembros, cada uno de ellos como quiso. Y los miembros sienten la misma solicitud unos por otros, en virtud de la comunica­ción espiritual del mutuo afecto que les es propia. Esa es la razón de que cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan.

Del mismo modo, cada uno de nosotros estamos en el Espíritu, como las partes en el todo, ya que hemos sido bautizados en un solo cuerpo, en nombre y virtud de un mismo Espíritu.

Y como al Padre se le contempla en el Hijo, al Hijo se le contempla en el Espíritu. La adoración, si se lleva a cabo en el Espíritu, presenta la actuación de nuestra alma como realizada en plena luz, cosa que puede deducirse de las palabras que fueron dichas a la samaritana. Pues como ella, llevada a error por la costumbre de su región, pensase que la adoración había de hacerse en un lugar, el Señor la hizo cambiar de manera de pensar, al decirle que había que adorar en Espíritu y verdad; al mismo tiempo, se designaba a sí mismo como la verdad.

De la misma manera que decimos que la adoración tie­ne que hacerse en el Hijo, ya que es la imagen de Dios Padre, decimos que tiene que hacerse también en el Espí­ritu, puesto que el Espíritu expresa en sí mismo la divinidad del Señor.

Así pues, de modo propio y congruente contemplamos el esplendor de la gloria de Dios mediante la iluminación del Espíritu; y su huella nos conduce hacia aquel de quien es huella y sello, sin dejar de compartir el mismo ser.

¿Actúa el Espíritu fuera de la Iglesia?

Hola padre, quisiera saber si hay alguna memoria del congreso de ciencia y Fe, me hubiera gustado mucho asistir pero no pude, y otra cosa me mandaron un video sobre la Renovación Carismática y me ha dejado dudas porque yo comencé en la Renovación. [En el video un sacerdote habla sobre cómo el Espíritu Santo se transmite a partir de Pentecostés y de los Apóstoles, y del daño que hace buscar al Espíritu en sectas o movimientos aparte de la Iglesia, como es el Pentecostalismo.] — R.S.D.

* * *

Está exagerado ese padre.

La idea de que el espíritu Santo solamente actúa en la Iglesia Católica contradice l oque enseña el catecismo en el n. 737: “El Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo.” De modo que caonsiderar como diabólico todo lo que no tenga la impronta directa y visible de la Iglesia es una grave exageración y equivocación.

Eso no significa que todo lo de los protestantes esté mal sino que es necesario discernir, según dice San Pablo en 1 Tesalonicenses 5,19-21: “No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno.” Si Dios pudo hablar incluso a través de un animal irracional, como fue la burra de Balaam (Números 22), ¿le prohibiremos que algo bueno pueda enseñarnos a través de los que no están visiblemente con nosotros, es decir, los cristianos no católicos?

En Filipenses 4,8 Pablo nos enseña: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” El sentido es claro: buscar lo bueno, allí donde esté y aprender de ello.

Palabras semejantes tiene Santo Tomás de Aquino: “Los profetas de los demonios no hablan siempre por revelación de éstos, sino que lo hacen, a veces, bajo inspiración divina, como vemos claramente en el caso de Balaam, del que en Núm 22,8ss se dice que le habló Dios, aunque era un profeta demoníaco, ya que Dios utiliza también a los malos para utilidad de los buenos. De ahí que anuncie algunas verdades por medio de los profetas de los demonios, bien para que la verdad aparezca más digna de crédito, al contar incluso con el testimonio de los enemigos, o también porque, cuando los hombres dan crédito a éstos, son llevados a la verdad por sus palabras. Y por eso también las Sibilas predijeron cosas ciertas sobre Cristo. Pero, incluso cuando los profetas de los demonios son instruidos por éstos, predicen algunas cosas ciertas. Unas veces en virtud de su propia naturaleza, cuyo autor es el Espíritu Santo, y a veces también por revelación de los espíritus buenos, como observa San Agustín en XII Super Gen. ad litt.. Así, incluso lo verdadero que anuncian los demonios procede del Espíritu Santo.” (Suma Teológica, II-II, q.172, a.6, ad 1m.).