Cómo la legalización del cannabis ha perjudicado a los enfermos

“La presentación del cannabis como un producto con fines terapéuticos ha servido de punta de lanza para dar carta legal a la marihuana. Así ocurrió en Oregón, que fue uno de los primeros estados norteamericanos en legalizar la producción de marihuana con fines medicinales en 1998. En 2014 fue también pionero en legalizar la marihuana con fines recreativos. Y, según cuenta Melanie Sevcenko en The Guardian, los primeros perjudicados por la legalización han sido los enfermos que ahora buscan su remedio en… el mercado negro…”

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La marihuana deteriora la capacidad intelectual de manera irreversible

“Se ha instalado y crecido al amparo de discursos que la aseguran inocua. Se dice, de la marihuana, que no genera adicción, que es menos tóxica que el tabaco y que hasta puede resultar beneficiosa en algunas circunstancias. Tres “mitos” que gozan de una controvertida aceptación social y que la ciencia médica refuta a rajatabla. “Nada más alejado de la realidad”, enfatizaron desde la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) al difundir que uno de cada cuatro pacientes en tratamiento en centros dependientes del organismo están siendo rehabilitados por adicción a la marihuana. Pues bien: una flamante investigación, realizada en Nueva Zelanda, asegura que su uso persistente, sobre todo en adolescentes, deteriora significativamente y de forma irreversible las funciones cerebrales…”

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Así nos quieren nuestros gobiernos: atontados, esclavizados, drogados

Si alguien se pregunta por qué tantos Estados modernos favorecen los consumos “recreativos” de sustancias psicotrópicas, como la marihuana, la respuesta puede ser muy sencilla: se trata de una doble ganancia. Por un lado, ganancia de popularidad al favorecer los caprichos–mal llamadas aquí “libertades”–individuales, en épocas de tanto egoísmo y sobrecentramiento en el yo acariciado e idolatrado. Por otro lado, neutralización masiva de cualquier conato de genuina capacidad de crítica o de reacción por parte de una amplia porción de la sociedad, atontada y bien amarrada a sus placeres efímeros y solitarios. Prueba de lo dicho encontramos ya en lugares como Madrid, España.

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