LA GRACIA 2022/01/03 Criterio de discernimiento para no ser engañados

El criterio de discernimiento para no caer en engaños es vivir como vivió Jesús, descubrir que nuestra fe no es igual a cualquier otra religión y entender que nuestra salvación está en el sacrificio de la carne de Cristo.

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LA GRACIA 2021/12/31 Debemos mantener el discernimiento encendido

La navidad cristiana no es una especie de cuento de hadas donde todo es bonito; desde el principio la llegada de Dios a esta tierra está marcada por la oposición… que luego se dará incluso dentro de la misma Iglesia.

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LA GRACIA 2021/11/24 Vivir en discernimiento

El demonio es hábil caricaturizando a Dios y le corresponde al cristiano vivir en discernimiento, tener ese “olfato” espiritual para que todo lo que hagamos le dé la gloria a Señor.

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LA GRACIA 2021/11/23 Las bases para edificar nuestras vidas

Para edificar nuestra vida debemos hacerlo sobre bases sólidas, con nuestra mirada puesta en el Señor teniendo capacidad de discernimiento y rectitud de la voluntad.

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¿Qué dones te ha dado Dios?

Espero este bien, quisiera hacerle algunas preguntas para que me brinde su orientacion. Algunos tips que sirvan de guia para reconocer los dones personales, lo que Dios nos ha dado a cada uno, como saber que es lo que yo puedo aportar al mundo, como reconocer mi mision. – M.M.

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Hay varios modos complementarios de reconocer los dones de Dios; revisemos algunos de ellos.

1. El Método de las INTERSECCIONES. Considera tres círculos que se intersectan entre sí, como en los libros que nos hablan de conjuntos. Un círculo lo llamas “Cosas que me gustan”; otro lo llamas “Cosas que hago bien” y el último lo llamas “Necesidades y oportunidades en el mundo que me rodea.” Trata de llenar esos círculos atendiendo a las intersecciones. Por ejemplo, si hay algo que te gusta ya demás lo haces bien, ponlo en la intercesión correspondiente. Lo más interesante y lo más diciente de ese esquema es mirar qué tipo de cosas quedan en la intersección de los tres círculos.

2. El Método de la MEMORIA. Trata de recordar, y ojalá poner por escrito, aquellas ocasiones en que tu presencia, o tu ayuda, o tus palabras marcaron una diferencia positiva en la vida de alguna o algunas personas. Intenta ser específico; por ejemplo, no digas simplemente: “Creo que escuchar a Andrea le hizo bien” sino todavía más preciso: “Creo que las preguntas que le hice a Andrea sobre su relación con sus padres le ayudaron a ver las cosas de otra manera.”

3. El Método BÍBLICO. Toma la saludable costumbre de leer un pasaje de los Evangelios dada día. Y cada vez que leas, haz dos cosas: fíjate en alguno de los personajes (incluyendo a Jesús, claro está) y escribe algo breve sobre qué te llama la atención de lo que esa persona dice o hace. Después de un tiempo haciendo esto, vuelve a leer lo que has escrito y busca e ello una dirección sobre qué quieres y puedes hacer con tu vida cristiana.

4. El Método de los SANTOS. Sin que se te vuelva una simple “tarea” presta atención a cuáles son los santos que tocan más tu corazón; aquellos con los que más te identificas. Examian que tienes en común con ellos. Pregúntate qué cultivaron ellos, en lo concreto, que tú consideras que deberías cultivar.

5. El Método de la DIRECCIÓN ESPIRITUAL. Si tienes un buen director espiritual, que te conozca hace ya un tiempo, puede resultar muy orientador preguntarle directamente sobre qué dones ha visto en ti y cómo podrías cultivarlos mejor.

Estos dos últimos no deberían faltar nunca:

6. El Método de la COMUNIDAD. No cabe duda de que la experiencia real de servicio en una comunidad católica, donde haya oración, formación, evangelización y corrección fraterna es una de las mejores escuelas de conocimiento de sí mismo y de los propios dones.

7. El más importante de todos: El Método de la ORACIÓN. Pidamos siempre la gracia del Espíritu Santo; que la oración sea nuestro guía y nos vaya persuadiendo del camino que Dios quiere para nosotros, y para el cual nos va preparando y guiando.

Señor, te quiero contar

“Quizá te pase que estás en un momento de tu vida en el que te toca tomar decisiones relacionadas con la integridad, con los principios y las creencias… Entonces, ¿cómo distinguir si no es egoísmo, sino más bien, la lucha del alma que busca desesperadamente el amor y la compasión del Dios, sabiendo que Él te ve, que te ama y que está contigo? Creo que puedo darte algunas pautas para poder sobrellevar mejor la prueba…”

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Impresionante don de discernimiento en San Luis Bertrán

Discernimiento de espíritus

Uno de los dones espirituales más señalados en San Luis Bertrán fue la clarividencia en el trato de las almas, un discernimiento espiritual certero y pronto, por el que participaba del conocimiento que Cristo tiene de los hombres: «No tenía necesidad de que nadie diese testimonio del hombre, pues El conocía lo que en el hombre había» (Jn 2,25). Con frecuencia, en confesión o en dirección espiritual, fray Luis daba respuestas a preguntas no formuladas, corregía pecados secretos, descubría vocaciones todavía ignoradas, resolvía dudas íntimas, aseguraba las conciencias. Y en esto pasaba a veces más allá del umbral de lo natural, adentrándose en lo milagroso.

Esta cualidad llegó a ser tan patente que durante toda su vida recibió siempre consultas de religiosos y seglares, obispos, nobles o personas del pueblo sencillo. Su fama de oráculo del Señor llegaba prácticamente a toda España. Citaremos sólo un ejemplo. En 1560, teniendo fray Luis treinta y cuatro años, y estando de nuevo como maestro de novicios en Valencia, recibió carta de Santa Teresa de Jesús, en la cual la santa fundadora, al encontrar tantas y tales dificultades para su reforma del Carmelo, le consultaba, después de haberlo hecho con San Pedro de Alcántara y otros hombres santos, si su empresa era realmente obra de Dios.

Tres o cuatro meses tardó fray Luis en enviarle su respuesta, pues quiso primero encomendar bien el asunto al Señor «en mis pobres oraciones y sacrificios». La carta a Santa Teresa, que se conserva, es clara y breve: «Ahora digo en nombre del mismo Señor que os animéis para tan grande empresa, que El os ayudará y favorecerá. Y de su parte os certifico que no pasarán cincuenta años que vuestra religión no sea una de las más ilustres en la Iglesia de Dios».


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

¿Debe la Iglesia tener unanimidad en todo?

Fray Medina: he visto muchas de sus respuestas y le agradezco el tiempo que usted invierte en instruirnos sobre tantos temas. Yo soy un hombre mayor que parece que tiene cada vez menos paciencia cuanto más pasa el tiempo. por ejemplo, yo no entiendo por qué la Iglesia no tiene una posición unificada sobre una cantidad de temas. En Colombia estuvo en discusión el famoso “proceso de paz” y uno podía oír que un obispo decía una cosa, y otro, otra. Lo mismo veo que pasa, y que es prácticamente la norma en asuntos de sociedad y de política. Con todas estas protestas en Francia, ¿no hay una postura de la Iglesia? ¿Ls de los chalecos amarillos tienen razón, sí o no? ¿Y la guerra en Yemen? ¿Y los ataques en Gaza? ¿Qué es eso, fray Medina, es falta de interés o falta de valentía? Perdóneme si soy demasiado franco. — E. H.

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Hay varias cosas que debemos tener en cuenta. La Iglesia puede y debe tener una postura clara, unificada y fuerte en algunos asuntos pero no puede pedir ni se le puede pedir unanimidad en absolutamente todos los temas.

Como una guía práctica: lo que usted encuentre de fe y de moral en el catecismo de la Iglesia, el de San Juan Pablo II, tiene una solidez tal que es temerario y a menudo herético apartarse de ahí. Negar la presencia de Cristo en la Eucaristía o negar que la práctica homosexual es un desorden moral intrínseco es ir en contra de ese Catecismo, que recoge la mayor parte de lo mejor de la enseñanza de la Iglesia a lo largo de siglos y siglos.

Pero no todos los temas tienen el mismo carácter que podemos describir como “blanco/negro” o “verdadero/falso.” Esto se nota especialmente en las opciones políticas. Un ejemplo: En cierto país se presentan dos candidatos. Uno es pro-aborto pero parece creíble que implementará políticas de equidad social razonables (excepto para los niños que va a asesinar); otro es anti-aborto pero claramente ve la política como un negocio para su ganancia personal y para los de su familia y su clase social. Es evidente que la gravedad del crimen del aborto hace que uno rechace a semejante candidato pero uno también sabe que si el otro queda elegido producirá injusticia y muerte. Aunque en este ejemplo todavía es posible tomar una decisión fundamentada moralmente, uno ve que la decisión no es tan sencilla.

Y las cosas pueden complicarse mucho más. ¿Es válida una protesta social? En principio, sí. Pero, ¿qué pasa si la protesta produce pérdidas millonarias, muchos heridos y unos cuantos muertos? ¿También ello se justifica? Es este el punto en que uno tiene que sopesar muchos aspectos con las limitaciones terribles de no tener información completa o del todo fiable; saber que hay muchos intereses implicados; saber que se han intentado vías legales, sin éxito; saber que en estos casos también hay accidentes. No es extraño entonces que la valoración, bien intencionada, de diversas personas, puede ser distinta. Hay muchas cosas que uno ignora; hay muchas variables impredecibles; hay muchos bienes inciertos; hay bastantes males ocultos. Lo que se puede hacer es tratar de formular un juicio prudencial, a partir de la información que cada quien tiene y de las suposiciones razonables que cada uno logra. Y es muy posible que entonces la valoración final no coincida, incluso entre personas que son bien formadas en la fe y que, como he dicho, tienen recta intención.

Hay otros ejemplos que son menos dramáticos pero que también ayudan a entender por qué en ciertos casos hay una diversidad plenamente legítima en las opiniones. Recuerdo el caso de una comunidad de religiosas. Ellas tenían un hábito de color oscuro, muy hermoso y tradicional pero seriamente incómodo para clima caliente. Cuando hicieron una fundación en un lugar con estaciones muy marcadas, algunas de entre ellas propusieron usar un hábito con el mismo diseño pero con otro material de tela y color muy claro, para los meses del duro verano que hay en aquel sitio. Como es razonable suponer, las opiniones estaban divididas. Algunas decían que ese sacrificio era un homenaje a Cristo y que lo correcto era seguir en toda época del año con el hábito de tela gruesa y caliente. Otras, que ya habían sufrido duras dermatitis y otros malestares, decían que no tenía sentido inutilizarse así durante tanto tiempo y que Cristo, más que esa clase de sacrificios, seguramente quería un mayor y mejor servicio a las personas necesitadas. Y agregaban que ellas ni siquiera estaban pidiendo cambiar el hábito sino solo tela y color. Tal vez a uno desde fuera le resulta fácil opinar y mandar desde lejos, por aquello que dijo Cristo: “lían cargas pesadas y se las ponen a otros en los hombros” (véase Mateo 23,4). Es en cambio difícil que, después de tomada una decisión, todos queden contentos. Pero claramente es ilógico pensar que en casos como estos hay una posición que está perfectamente correcta y otra que está absolutamente equivocada. Así que no es correcto pensar que en todo se puede pedir unanimidad.

Indicaciones para mejor conocer la voluntad de Dios

Siguiendo el ejemplo de Samuel, en su niñez, descubrimos algunas claves para escuchar y discernir la voluntad de Dios: (1) Saber que Dios puede llamar en todo tiempo, incluyendo infancia y juventud. (2) Ponernos al alcance de su voz, a través de la Palabra, los sacramentos y la cercanía con su templo. (3) Cuidar que nuestros descansos no nos embrutezcan con placeres que dejan sucia y lenta la conciencia. (4) Poner en sintonía lo mejor de nuestros sueños–cada quien según su propia historia y modo de ser–con los anhelos de Dios según conocemos por la Escritura y la voz de la Iglesia. (5) Cultivar la disponibilidad, que implica no absolutizar nuestro “hoy.” (6) Pedir ayuda a quienes pueden aconsejarnos con sabiduría. (7) Hacer así de nuestra vida un mensaje de Dios para el mundo.

LA GRACIA del Domingo 7 de Agosto de 2016

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C

Es el momento de escoger qué es lo que queremos para cuando lleguemos al final de esta vida: perderlo todo ó ganarlo todo celebrando la entrada a la eternidad.

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