“No lo veo, luego no existe”

“En muchas ocasiones creemos en cosas que no vemos, y creemos porque comprobamos sus efectos. Si oyes a un pajarillo que canta en la espesura, ¿pensarás que canta el matorral? No es serio decir: no lo veo, luego no existe. No ves el pajarillo, pero lo oyes. No ves el alma, pero hay muchas razones que hacen suponer la existencia del alma. No ves la electricidad, pero ves sus consecuencias. No ves el calor, pero lo sientes. No ves las bacterias ni los virus, pero notas sus efectos…”

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Adán y Eva

Escuché a un sacerdote decir que adán y eva no existieron como tal, no fueron dos personajes literalmente reales, que el libro del génesis que es el libro que aborda el tema de la creación lo hace usando un lenguaje mitológico.hay mitologías falsas y otras verdaderas lo que hace el mitólogo es a través de cosas extravagantes y como muy ficticias, anormales, expresar verdades en el caso del génesis el autor que usa un lenguaje mitológico sencillamente lo que nos quiere decir es que Dios creo el mundo y todo cuanto existe y ese es el mensaje por excelencia. que cuando se habla de Adán nos referimos al genero masculino y cuando se habla de Eva nos referimos a toda mujer. ya me confundió pues yo siempre he creído en la existencia real y verdadera de los dos. podría usted padre fray Nelson aclararme esto muchas gracias. – S.T.

* * *

Mariano Delgado, que es Doctor en Biología, y en Teología, creo que aporta una buena respuesta donde escribe lo que sigue:

He podido comprobar, en los años que llevo en la docencia, que los alumnos adolescentes se plantean muchas dudas sobre cómo compaginar lo que aprenden en las clases de Religión sobre la Creación, y lo que les explican en Ciencias Naturales, sobre todo en lo que se refiere al origen y prehistoria del hombre.

A pesar de que la solución a estos problemas ha sido clarificada hace ya mucho tiempo por el Magisterio de la Iglesia, que es quien interpreta auténticamente las Sagradas Escrituras, sus enseñanzas no han llegado al gran público, y los alumnos no encuentran respuestas claras de sus padres o profesores.

Por mi condición de biólogo y por haber estudiado en mi doctorado en Teología las relaciones entre ciencia y fe, con frecuencia me preguntan sobre estos temas profesores y alumnos. Son habituales preguntas como las siguientes: “Es verdad lo que dice el Génesis?”, “De dónde salieron nuestros Primeros Padres?”, “Cómo es posible que Caín fuera agricultor y Abel ganadero, si durante mucho tiempo el hombre prehistórico no conoció ni la agricultura ni la ganadería?”…

Muchas veces me han pedido también bibliografía pero, aunque hay mucha, no conozco ninguna publicación donde se encuentren respuestas a todas éstas preguntas reunidas y explicadas al alcance de todos.

Por eso me he decidido a escribir este folleto, dirigido principalmente a padres y educadores, que intenta aclarar lo esencial y, después, un libro para los que quieran profundizar más en aspectos propiamente científicos y filosóficos, y en algunas consecuencias teológicas.

Los últimos papas han hablado con frecuencia sobre el significado de los primeros capítulos del Génesis, pero el documento fundamental, donde se resuelve la cuestión que nos ocupa -el origen del hombre-, es la Carta Encíclica de Pío XII Humani Géneris (12 de agosto de 1950). En ella hay dos proposiciones fundamentales en los números 29 y 30.

En el número 29 se lee: “(…) El magisterio de la Iglesia no prohíbe que -según el estado actual de las ciencias y de la teología- en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes en ambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente -pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios (…)”.

El número 30 aborda la doctrina cristiana del monogenismo: “(…) los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de muchos primeros padres, pues no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con cuanto las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia enseñan sobre el pecado original, que procede de un pecado en verdad cometido por un sólo Adán individual y moralmente, y que, transmitido a todos los hombres por la generación, es inherente a cada uno de ellos como suyo propio”.

En resumen:

1. En el origen del hombre, el cuerpo humano no tiene que haber sido creado inmediatamente por Dios pero sí su alma -al igual que ocurre en el momento de la concepción de cualquier hombre-.

2. Toda la humanidad procede de un sólo hombre -“protoparente”-, que en la Sagrada Escritura se llama Adán, y esta verdad se desprende directamente de la doctrina de la Iglesia sobre el Pecado Original, cometido personalmente por un hombre y heredado por todos sus descendientes.

Salta, pues, a la vista que la Iglesia no interpreta la narración del Génesis en sentido literal, sino que, basándose en el conjunto de la Revelación y en la autoridad dada por Dios al Magisterio, extrae las verdades que Dios nos ha querido dar a conocer a través de la narración del autor sagrado.

La Pascua, sus Enemigos y sus Victorias, 2 de 8, Cientificismo y Laicismo

[Retiro Espiritual con un grupo de Hermanas Dominicas de la Presentación, en Bogotá. Semana Santa de 2014.]

Tema 2 de 8: Cientificismo y Laicismo

En nuestro tiempo y circunstancias la alegría se extingue asfixiada en medio de dificultades exteriores e interiores.
Las dificultades exteriores tienen todas que ver con la pretensión del mundo de endiosarse a sí mismo, declarando a Dios innecesario, inexistente o improcedente. Uno de los nombres que tiene el “mundo,” o el conjunto de lo “mundano,” en latín, es “saeculum” y de ahí viene la palabra “secularización,” que por consiguiente alude a esa tendencia con la que el mundo pretende absolutizarse, ya sea desplazando a Dios, o relegándolo, o abiertamente combatiéndolo.

La secularización tiene tres dimensiones principales: intelectual, política y social.

Entendemos la secularización “intelectual” como aquel movimiento cultural masivo que termina considerando como única palabra cierta a aquella que provenga de la ciencia. Cientificismo y neopositivismo son nombres alternativos para esta tendencia que no sólo descarta el lenguaje religioso sino que, con fuerza y arrogancia semejantes, pisotea el sentido común, la filosofía, el testimonio de la fe y los saberes o tradiciones de los pueblos. Así por ejemplo, lo que se ha pensado y entendido siempre y en todas partes sobre qué es el matrimonio no importa; lo único que sería argumento para oponerse al matrimonio llamado “igualitario” sería un estudio científico que mostrara a base de abundantes estadísticas y correlaciones con fuerza causal por qué es malo tener dos papás o dos mamás. Lo irónico de este abuso arrogante es que la ciencia misma está sometida a numerosas presiones e intereses, que son particularmente notables en el momento de recoger información sobre los seres humanos. ¿Qué teoría científica ha demostrado que puede producir preguntas completamente neutras, asépticas y libres de todo sesgo? La secularización intelectual equivale a la ideología cientificista.

Entendemos la secularización “política” como aquel movimiento cultural que pretende excluir a lo religioso de todas las esferas de lo público, de modo que los textos religiosos sean equiparados a la fantasía; los signos religiosos sean expulsados de las escuelas y demás lugares públicos; y las personas que representan los distintos credos sean considerados únicamente como representantes de intereses particulares ajenos al bien común de la sociedad en su conjunto. La secularización política equivale a la ideología laicista.

Un ateo británico sirvió para que una norteamericana llegara a la Iglesia Católica

“Lo empecé a leer [a Dawkins] pensando que encontraría una crítica lógica, escéptica y científica a la religión. Sin embargo, encontré algo así como un mal editorial del Boston Globe: una sucesión de adjetivos peyorativos con pretension de argumentos, afirmaciones apodícticas tomadas como pruebas, una actitud increíblemente arrogante y una postura de equidistancia incapaz de distinguir entre fortalezas y debilidades de las diferentes religiones, incluido del ateísmo militante que propugna Dawkins. No es un análisis académico, es mal periodismo”.

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¿Puede la ciencia controlarse a sí misma?

“Habían trabajado afanosamente –comenta López Quintás– con la profunda convicción de que el aumento del saber teórico y el incremento de la felicidad humana estaban inequívocamente vinculados. Confiaban en que fomentar el saber científico tomaría siempre un valor positivo, que significaría automáticamente cotas más elevadas de felicidad y de dignidad. Pensaron que se trataba de un bien incuestionable y que, por tanto, se traduciría ineludiblemente en bienestar y plenitud para el hombre…”

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Invitación a Lumen Fidei, 01 de 10, Contexto

[Estudio introductorio a la Encíclica Lumen Fidei, del Papa Francisco. Predicación en los Monasterios de las Dominicas Contemplativas de Murcia y de Lerma, en España, Octubre de 2013.]

Tema 1 de 10: Contexto de la Encíclica

* Como expresión del Año de la Fe, la carta encíclica Lumen Fidei quiere enviar un mensaje perdurable que sitúa el don de la fe como cimiento mismo de todo aquello que sucede en la Iglesia.

* Pero de un modo más directo, este documento quiere responder a dos desafíos propios de la Modernidad, a saber, el racionalismo y el existencialismo de corte subjetivista.

* El racionalismo tiene sus raíces en el tiempo de la Ilustración, que pretende exaltar a la razón humana como única luz válida y certera. En esa línea vendrán después el positivismo y el cientificismo.

* La falta de una sólida fundamentación metafísica llevó a Blas Pascal a ver la fe como una especie de apuesta. La intención de Pascal es probablemente muy buena pero el daño que causa es enorme: si la fe es apuesta del corazón, la fe queda entendida como un acto desconectado de la razón, carente de valor público y ajeno a todo control o influencia de la comunidad, y eso excluye también a la Iglesia.

* De ahí el título de la encíclica: “luz de la fe.” ¿En qué sentido ilumina la fe? A ello se quiere responder.

ABC de la Apologética Católica, 2 de 2, Ataques Formales

[Predicación con las comunidades de la Parroquia del Señor de los Milagros.]

Tema 2 de 2: Ataques Formales

* Son ataques formales aquellos que provienen de grupos, colectivos o instituciones que tienen entre sus objetivos la desaparición de la fe, el descrédito a la Iglesia o en todo caso, el separar a la gente del rebaño de Cristo bajo el cayado de Pedro.

* Ante todo, están los ataques del ateísmo, a menudo porque se piensa que la única verdad de aceptación pública es la verdad de la ciencia. Esta idolatría se llama “cientificismo” y es siempre una desfiguración de la verdadera ciencia.

* Están también los ataques de las sectas, para lo cual es bueno formarse en torno a las objeciones y ataques repetidos. Algunas páginas web particularmente útiles en nuestra formación:

  1. corazones.org
  2. apologeticacatolica.org
  3. ewtn.com
  4. es.catholic.net
  5. fraynelson.com
  6. vatican.va
  7. mercaba.org

La fe le parecía aburrida… hasta que la conoció de verdad.

Nacido en «1968 en el mismo hospital que Gorbachov» y crecido como «un muchacho soviético modelo siguiendo todas las fases de la educación comunista», Filonenko, desde el principio, rechazó el cristianismo, considerado muy aburrido. «Nos habían enseñado que la religión sólo era una forma de compensación. Si estabas enfermo y débil, tenías necesidad de la muleta de la religión para caminar; si eras ateo, en cambio, no la necesitabas. Y yo me sentía fuerte».

Convertido desde el aburrimiento

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Un cientifico le responde a Richard Dawkins

“En el caso de Dawkins creo que se ha pasado la frontera de la sensatez y prudencia que cabría esperar de un profesor de Oxford: acusar de fraude o deshonestidad a personas e instituciones es algo grave. Despreciar a millones y millones de creyentes que viven honestamente su religiosidad, muchos de ellos desde un perfecto conocimiento de la ciencia y de la cultura, es una insensatez e indignidad humanística considerable. Podría haber expuesto el ateísmo de una forma más digna y competente, como otros muchos hacen…”

Richard Dawkins

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Muy cientifica y muy catolica

“En pleno Año de la Fe y recién pasado el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, no parece mal momento para traer a colación la vida de una mujer extraordinaria, de profundas convicciones religiosas, Jimena Menéndez-Pidal (1901-1990), hija de un matrimonio de científicos católicos españoles…”

Científica y católica

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Congreso de la Fe, 3 de 4, Enemigos falsos y verdaderos de la fe

[Congreso en Poza Rica, México, en Marzo de 2013.]

Tema 3 de 4: Enemigos falsos y verdaderos de la fe

* La fe es un don que no podemos construir, pero sí está en nosotros, por lo menos, hasta un cierto punto, el cuidar, cultivar y defender ese don.

* Hay conflictos ficticios que oscurecen la naturaleza de la fe y del acto de creer. Son tres principalmente:

(1) La razón y la fe. No son opuestas: tienen su origen en Dios y buscan la verdad. El Nuevo Testamento no nos pide dejar de pensar cuando nos invita a creer. De hecho, la razón ayuda a clarificar, exponer y defender la fe frente a las objeciones contrarias. Razón y fe no se oponen pero racionalismo y fideísmo, sí crean incompatibilidades insolubles. Pero el racionalismo no es racional, ni el fideísmo es genuina fe.

(2) La ciencia y la fe. No son opuestas: la ciencia establece hechos y datos; descubre patrones y suele expresarse en leyes matemáticas, pero cuál sea el sentido de esas leyes, y cuál su origen último, trasciende a la ciencia. No es la ciencia sino el cientificismo lo que se opone a la fe.

(3) El dolor y la fe. No son opuestos, pues, ¿qué se resuelve con no creer? Además, Cristo nunca anunció una vida sin dificultades, sino que dijo que había que tomar la cruz cada día.

* Hay también conflictos reales; tres principalmente:

(1) El ídolo de la prosperidad, que nos llena de arrogancia y falsa seguridad.

(2) La ignorancia, que lleva a herejía o sincretismo.

(3) La lucha contra el poder de las tinieblas. Siempre hemos de recordar que el carácter de don de la fe implica que necesitamos del donante para conservarla: “Líbranos de la tentación.”