Fuerte es el que levanta sin caerse

¿Qué perfección cristiana pretendes alcanzar, si haces siempre tu capricho, “lo que te gusta”…? Todos tus defectos, no combatidos, darán un lógico fruto constante de malas obras. Y tu voluntad -que no estará templada en una lucha perseverante- no te servirá de nada, cuando llegue una ocasión difícil.

“Conozco a algunas y a algunos que no tienen fuerzas ni para pedir socorro”, me dices disgustado y apenado. -No pases de largo; tu voluntad de salvarte y de salvarles puede ser el punto de partida de su conversión. Además, si recapacitas, advertirás que también a ti te tendieron la mano.

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LA GRACIA del Jueves 14 de Septiembre de 2017

La misma gracia que has recibido te da la fuerza para amar a tus hermanos, orando por ellos para que Dios visite sus corazones y para que también en ellos brille su gloria.

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Sobre el ejercicio cotidiano de la caridad, entre fragilidades y pecados

¡Que el otro está lleno de defectos! Bien… Pero, además de que sólo en el Cielo están los perfectos, tú también arrastras los tuyos y, sin embargo, te soportan… -¡Aprende!

¡De acuerdo!, lo admito: esa persona se ha portado mal; su conducta es reprobable e indigna; no demuestra categoría ninguna. -¡Merece humanamente todo el desprecio!, has añadido. -Insisto, te comprendo, pero no comparto tu última afirmación; esa vida mezquina es sagrada: ¡Cristo ha muerto para redimirla! Si El no la despreció, ¿cómo puedes atreverte tú?

Si tu amistad se rebaja hasta convertirse en cómplice de las miserias ajenas, se reduce a triste compadreo, que no merece el mínimo aprecio.

Verdaderamente la vida, de por sí estrecha e insegura, a veces se vuelve difícil. -Pero eso contribuirá a hacerte más sobrenatural, a que veas la mano de Dios: y así serás más humano y comprensivo con los que te rodean.

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Amor, a escala humana y divina a la vez

Tu caridad ha de estar adecuada, ajustada, a las necesidades de los demás…; no a las tuyas.

¡Hijos de Dios!: una condición que nos transforma en algo más trascendente que en personas que se soportan mutuamente.

A veces pretendes justificarte, asegurando que eres distraído, despistado; o que, por carácter, eres seco, reservón. Y añades que, por eso, ni siquiera conoces a fondo a las personas con quienes convives. -Oye: ¿verdad que no te quedas tranquilo con esa excusa?

Pon mucha visión sobrenatural en todos los detalles de tu vida ordinaria, te aconsejé. Y añadí inmediatamente: la convivencia te ofrece muchas ocasiones, a lo largo del día.

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