Sobre aquello de No Juzgar

Jesús cuando vino al mundo enseñó a no juzgar, sino por el contrario enseñó a amar, porqué lo hacemos nosotros los cristianos? — K.M.

* * *

La expresión “no juzgar” hay que saberla entender porque de otro modo lleva a contradicciones insolubles.

Piensa nada más en esto: Cuando le decimos a alguien: “No juzgues” ya estamos haciendo un juicio nosotros mismos.

Piensa también en que si uno quisiera evitar absolutamente TODO juicio, uno no podría decir nada sobre los que secuestran niñas para violarlas y matarlas porque entonces uno estaría “juzgando” al que cometió tales hechos.

Y piensa además que si uno intentara evitar TODO juicio moral, resultaría imposible educar a un niño o a un joven porque educar siempre implica expresar juicios morales; como por ejemplo: “No sigas el camino de los corruptos, que se roban el dinero del pueblo.”

Por último, démonos cuenta de que lo de “no juzgar” se dice y repite machaconamente cuando se trata de ciertos comportamientos (y pecados) mientras que otros sí son condenados duramente. Es frecuente que se aplique lo de no juzgar a temas de afectividad y sexo (implicando que cada quien viva su sexualidad más o menos como le parezca) mientras que el tráfico de drogas o las actividades de la mafia se condenan sin tapujos. O sea que evitamos juzgar en cuanto a los pecados “de moda” y sí juzgamos las lacras “de moda.”

Todo eso muestra que el sentido de las palabras de Cristo no podía ser–y no es–que debemos abstenernos de decir si las cosas son buenas o son malas. Uno no puede ver un secuestro o una violación, por ejemplo, y quedar amordazado por esta interpretación de las palabras de Cristo hasta el punto de no poder denunciarlo porque “eso sería juzgar.”

Entonces, ¿cómo entender rectamente la enseñanza del Señor?

Un buen punto de partida es que Cristo no hablaba español, ni latín; quizás entendía bastante griego pero su mente y corazón provienen del pueblo judío y de la raza hebrea. Lo mejor es explorar las palabras “justicia/juicio” (mishpat) y “juzgar” (shaphat ó shafat) desde el hebreo. Y lo primero que uno nota es que shafat es un verbo que equivale a “gobernar” de modo que el que hace justicia es ante todo el mismo que gobierna, o sea, el rey. Puesto que Dios es el rey del mundo y el soberano de las naciones de la tierra, es claro que “hacer justicia” o dar el “mishpat” corresponde a Dios.

En nuestras sociedades, en cambio, los juicios suceden en juzgados, y pueden ser apelados, e ir a distintos tribunales, de más alto rango; o por el contrario, hay casos que pueden prescribir y ya no ser sometidos al sistema judicial. En Israel, y en general en todos los pueblos antiguos, el juicio sobre una situación o sobre una persona, era algo que sucedía UNA VEZ y que venía directamente del soberano (no había nuestra famosa separación de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial); pronunciar juicio no admitía en principio apelación y definía para siempre el destino de una persona. esa es la idea de “juzgar” que está detrás de la advertencia de Cristo.

“Juzgar” en lengua hebrea, es tomar el lugar del juez, y el único juez es Dios, cuyos “juicios” indican la verdad definitiva y el destino final de cada persona. De modo que “no juzgar” equivale a: “No pretendas tomar el lugar de Dios creyendo que puedes conocer o definir el desenlace final de la vida de otra persona.” Por supuesto, ese mandato no implica que suspendamos toda opinión sobre todo comportamiento pues entonces ni siquiera la predicación sería posible.

Y no olvidemos que el mismo Cristo nos invitó a practicar la corrección fraterna (Mateo 18,15-17). ¿Cómo podría yo corregir a mi hermano si cada vez que le fuera a decir que está haciendo algo incorrecto él me dijera: “¡Tú, cállate: me estás juzgando.”

En resumen: el mandamiento de No Juzgar significa que no usurpemos el lugar de Dios en cuanto a qué va a suceder finalmente en la vida de una persona; pero ello no impide que reconozcamos, en nosotros mismos y en los demás, cosas que son incorrectas y que deben ser corregidas.

LA GRACIA del Lunes 17 de Octubre de 2016

Permanezcamos con espíritu reflexivo y orante para reconocer cómo Dios ha obrado con sabiduría y compasión en nuestra historia a pesar de nuestras rebeldías.

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Simposio teológico sobre la Misericordia, 1 de 3: La misericordia en la Palabra de Dios

REVELACIÓN DE LA MISERICORDIA DIVINA

1. Iniciativa divina. Entre Dios y el hombre hay una asimetría: Dios nos rebasa en todos los sentidos. Pero este Dios se nos revela.

* Ideas elevadas de Dios tuvieron los antiguos, por ejemplo las encontramos en Aristóteles. Para él solo es digno de pensarse lo que es divino. El dios de Aristóteles se vuelve a sí mismo. En la Biblia en cambio vemos que el Dios se mezcla con el ser humano (Gen.12).

* Otra diferencia entre el dios filosófico y el teológico es la siguiente: los hallazgo filosóficos son resultado de esfuerzo continuado. En la Biblia vemos que el hombre es encontrado por Dios. En ese primer encuentro se encuentra la noticia. El Dios de la Biblia no necesita del hombre pero quiere estar con él. Hay asombro: ¿Por qué este Dios se abaja hasta ese punto? Por Misericordia.

2. Lento a la ira y rico en piedad.

* La ira es presentada por la Sagrada Escritura como que Dios es un dios celoso. No le hacemos ningún favor a Dios rebajándolo. En el Antiguo Testamento se nos a la santidad y en el Nuevo se nos dice que hemos de ser santos con el Padre Celestial. Dios descarga toda su ira contra aquello que te disminuye. La fuerza de la ira divina hace posible que Él aleje de nosotros nuestros delitos. La revelación de la ira es la capacidad de separar al pecador de su pecado. En el AT se busca la destrucción del pecador, pero ese el comienzo. Hay un camino en el que se distingue la ira que separa al pecador con su pecado. La paciencia de Dios no es la mediocridad o la complicidad. La paciencia es la expresión de su providencia. La sabiduría en acción se llama providencia cuando hablamos de Dios.

* No quiero la muerte del pecador sino que se convierta y viva (Ez.) Este tema del Dios paciente que actúa evitando que el pecador se instale en su pecado nos lleva a lo que el Papa Francisco llama el acompañar. Ser espejos de la providencia de Dios supone el acompañar pero no significa que nos volvamos cómplices. No podemos detener el proceso con el que Dios nos llama hacia Él.

3. El llamado a la violencia.

* A veces para burlarse de la Biblia se tacha a Dios como un ser violento. Hay que ir al contexto del mundo antiguo y podríamos comprobar que antes no existía un estado derecho. El peligro de trasladar nuestras ideas de misericordia al mundo del Antiguo Testamento es grande y es lo que hay que evitar. Imponer nuestras ideas sobre la Biblia es un gran error. Es importante notar en que determinadas circunstancias la única manera de actuar es imponiendo violencia para hacer justicia.

* La misericordia no es solo hacer el bien, sino frenar el mal, que no siempre se consigue con buenas maneras y sonrisas. Sobre este tema se puede profundizar acudiendo al concepto de guerra justa.

4. Qué encontramos en Jesucristo.

* Praxis en Cristo: En Lc. 4, 16 ss. “el Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido…”, en Hech. 10 “pasó haciendo el bien…liberando a los oprimidos del mal”. La compasión no se detiene. Cristo se gasta y desgasta por los pobres y excluidos, por los que no cuentan, por los de la periferia, que dirá el Papa Francisco. La praxis de Jesús beneficia los necesitados de entonces sino a los de todos los tiempos.

* La enseñanza está marcada por la Misericordia. Antiguamente, el conocimiento era para una élite.

* Cristo con sus exorcismos muestra la Misericordia de Dios.

* Cristo también es misericordioso cuando tiene azotar a los mercaderes, cuando llama “raza de víboras”.

* La máxima manifestación de la Misericordia es la Cruz, un rompecabezas para la mente humana. La Cruz acoge a todos. La Cruz enseña porque el Cristo está en fidelidad con el Padre. La Cruz es vital porque dijo Él que atraería a todos hacia él.

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