¿Por qué algunos sacramentos no pueden repetirse?

Padre fray Nelson: Un amigo mío está saliendo de un periodo largo en el que se declaraba ateo. En esa época me dijo que fue a la parroquia donde se había bautizado para que lo borraran del registro de bautismos porque “eso ya no tiene sentido para mí, y yo nunca pedí eso.” En la parroquia le dijeron que el bautismo era un acontecimiento público y social que de hecho sí había sucedido y el hecho es que después de una discusión no lo borraron. Lo curioso es que ese mismo amigo después de dar muchas vueltas ha vuelto a la fe. Entonces unos amigos que lo conocemos le dijimos, un poco en chiste, que le tocaba volver a bautizarse, por referencia lo que había querido hacer antes. Pero alguien nos explicó que el bautismo, si es válido, en ningún caso se repite. Y yo me pregunto por qué. Gracias. — J.L.L.

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El propio Papa Francisco habló del tema en una de sus catequesis. Nos explica el portal católico Aleteia:

El Papa recordó las palabras del Padre: «tú eres mi hijo amado» para reiterar que una vez que nos hemos convertido en hijos suyos, en Jesús, lo somos “para siempre”. Y citando el citando el Catecismo de la Iglesia católica aseguró que se trata de un sello espiritual imborrable:

“Este sello no es borrado por ningún pecado, aunque el pecado impida al Bautismo dar frutos de salvación”.

En la catequesis que impartió en español, el Romano Pontífice resumió de este modo: “Nuestros padres nos generaron a la vida terrena; la Iglesia, en el Bautismo, nos regenera a la vida eterna, haciéndonos hijos de Dios para siempre. Por eso, también sobre cada uno de nosotros, renacidos del agua y del Espíritu Santo, el Padre dice amorosamente: «Tú eres mi hijo amado» (cf. Mt 3,17). El bautismo no se repite porque imprime un sello sacramental indeleble que el pecado no puede borrar, pero sí impedir que dé frutos de salvación”.

“¡El sello del Bautismo no se pierde jamás!”, añadió, dejando los papeles de lado. “‘Pero, padre, si una persona si una persona se convierte en un bandido de los más famosos, que mata a la gente, que comete injusticias… ¿el sello se va?’ No”. “Continúa siendo un hijo de Dios, que va en contra de Dios, pero Dios nunca niega a sus hijos”.

¿Qué hago si mi padrino se vuelve de otra religión?

Hola padre, quiero hacerle una pregunta: Pasa que mi hermano eligió a su amigo como padrino de bautismo, y él y toda su familia se cambiaron a otra religión; ya no profesa la fe católica. La pregunta es la siguiente: Ese amigo ¿sigue siendo el padrino o deja de serlo? Eso es lo que quiero saber padre para ver si deja de ser padrino. Y en ese caso, si deja de serlo, ¿puedo ser yo el padrino? Muchas gracias y bendiciones — R.R.

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El padrino o madrina puede ser mal escogido a veces, o puede suceder que se escogió bien pero luego la persona se aleja de Dios y de su Iglesia. Lo mejor es no nombrar nuevos padrinos o madrinas, por varias razones:

(1) Así como la persona se alejó de Dios y de la Iglesia, podría, por misericordia divina, retornar. Se crearía una situación absurda si se encuentra que lo revocaron de su encargo espiritual.

(2) Considerar reemplazables a los padrinos hace que en realidad se debilite más una institución que ya es bastante débil en la mayor parte de la Iglesia. En efecto, si se le puede reemplazar, no hay que tener tanto cuidado o seriedad al escogerlo.

(3) Hay que saber que de todos modos los padrinos y madrinas mueren. Si fuéramos a ser consecuentes, también a los fallecidos habría que reemplazarlos–cosa que nunca se hace.

Lo más sensato, pues, no es nombrar un reemplazo que tenga el nombre de “padrino” sino apoyar, sin títulos, a la formación cristiana y el compromiso en la fe de las personas que Dios nos ha puesto cerca.

La unidad de los sacramentos de la iniciación en los adultos

Aqui, en nuestra Diócesis, a una señora no la bautizaron porque ella “considera que no está decidida/preparada para recibir la comunión”. La pregunta: si bien sé lo que significa comulgar, ¿por qué “obligarla” a recibir los tres sacramentos juntos cuando, recién con el bautismo recibimos la gracia que nos permite entender las cosas divinas? –L.G.

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Un principio de respuesta lo tenemos en la práctica de la Iglesia antigua. Como es bien sabido, en aquella época los bautizos eran mayoritariamente de adultos. Una larga catequesis, de varios años, conocida como etapa del “catecumenado,” conducía a la recepción de los sacramentos de la iniciación. Atención: no son las iniciaciones, sino una sola iniciación en la cual: los pecados son perdonados y recibimos la filiación divina (bautismo); somos sellados por la gracia de su Espíritu (confirmación) y alimentados con el Cuerpo y Sangre de Cristo para que Él viva y realice su misterio en nosotros (eucaristía). Se trata de una sola y misma vida, la vida trinitaria: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Por la misma razón, el catecumenado prepara para una nueva vida, una vida que ha sido “iniciada” es decir, que ha tenido un nuevo comienzo a partir del sacrificio de Cristo, la adopción del Padre y la unción y sello del Espíritu Santo. Esta es la versión original y primera de los sacramentos.

Las cosas cambian cuando uno recibe el bautismo siendo niño. Está claro que el sacramento eucarístico no puede recibirse con provecho sin la conciencia de una clara distinción que hay entre el pan ordinario y el pan de la Eucaristía. A medida que más y más cristianos eran bautizados en su infancia, se volvió natural separar por intervalo de unos años la recepción del bautismo y de la eucaristía. No había una razón real para posponer la confirmación y por eso muchos de nuestros mayores fueron confirmados en su infancia pero después vino la idea de que la confirmación era la oportunidad para que un joven o joven adulto “confirmara” su compromiso con Cristo. Esta es la práctica actual es muchísimos lugares pero en realidad no es correcta porque supone una deformación del sentido original, según el cual, no es que yo “confirme” nada sino que es el Señor quien confirma y consolida su obra en mí, por manos de los sucesores de los apóstoles, esto es, los obispos.

El hecho es que actualmente lo común es recibir con separación de años el bautismo, la eucaristía y la confirmación, en ese orden, además.

Pero volvamos al caso de un adulto que quiere ingresar y ser parte de la Iglesia Católica. Debemos suponer que ha recibido una adecuada formación que le muestra la belleza, el fruto y la unión de los sacramentos de la iniciación, según hemos explicado antes, y según fue siempre la práctica de la Iglesia con los adultos. ¿Tendría sentido que la persona dijera: “sí quiero comulgar pero no quiero confirmarme”? Es uno y el mismo Dios el que te da el regalo de la vida nueva. Un bebé tiene el obstáculo, luego superable, de la incapacidad de entender, en cuanto a la Eucaristía; pero tú, no.

Si uno examina el caso se da cuenta que no parece encontrarse ninguna motivación válida y sana para separar los sacramentos de la iniciación en un adulto. ¿Es un capricho? ¿Una vacilación? ¿Una catequesis incompleta? En cualquier situación lo mejor es esperar, orar, resolver dudas, completar formación y luego, así lo permita Dios, proceder a la celebración de los sacramentos.