Preparacion para Pentecostes, 5 de 5

Novedad del Espíritu, Triduo de Preparación a Pentecostés. 5 de 5: Jesús, el Ungido

* Es verdad que el Espíritu ya obró en tiempo de los Jueces, y “habló por los profetas” pero en Jesús de Nazareth acontece algo nuevo: él es el que ha recibido el Espíritu “sin medida” (Juan 3,34).

* Así pues, en Jesús reside el poder de deshacer las obras del demonio (1 Juan 3,8). El “sistema” que crea el pecado recibe el nombre de “mundo” dentro de los escritos de San Juan; el “sistema” nuevo, el tejido nuevo de vida y libertad que trae el Ungido se llama “Reino de Dios.”

* El Reino no debe ni puede identificarse con ninguna estructura o cultura; no está “aquí o allí” (Lucas 17, 21), porque al final toda estructura humana se funda sobre la naturaleza humana, y por consiguiente está sujeta a los vaivenes del corazón.

* Lo que importa, en cambio, es que ese corazón sea renovado y poseído por el Espíritu Santo de Dios, de modo que pueda abrirse al amanecer de su verdad. El reino es siempre incipiente en la historia humana, y lo único que tenemos son luces en la niebla, es decir, los testimonios de los santos.

* Pero la vida nueva no la da otro sino sólo Cristo. Él extiende su mano y nos rescata del río cenagoso e impetuoso que representa al mundo (según los escritos de Santa Catalina de Siena). Asidos por su mano descubrimos un poco más de su rostro, mientras su voz vence a las seducciones y bramidos del demonio y del mundo.

Play
Play

Preparacion para Pentecostes, 4 de 5

Novedad del Espíritu, Triduo de Preparación a Pentecostés. 4 de 5: En nosotros y entre nosotros

* El Espíritu “unge” cuando toca una vida y la transforma para que sea instrumento del actuar de Dios en situaciones que humanamente no dan oportunidad alguna de cambio, debido a la tupida red que crean las estructuras de pecado.

* Su unción es libertad. El Espíritu rompe la prisión y deja caer luz que nos muestra la verdad de lo que hemos vivido. Es torrente de aire fresco que da alegría y nueva vida. Pero la acción novedosa, inexplicable e indescriptible del Espíritu sólo tiene legítima comparación con otra obra de Dios: la creación. El Espíritu es principio de nueva creación.

* Lo que debe ser creado de nuevo está en nosotros, como sanación interior, pero también entre nosotros, como restauración de verdaderos lazos de fraternidad, compasión y sinceridad, de modo que seamos capaces de sumar y multiplicar, y ya no más restar y dividir. Esto se llama “santidad comunitaria.”

* La conferencia termina con una súplica ardiente al Espíritu Santo para que venga y renueve todo nuestro ser.

Play
Play

Preparacion para Pentecostes, 3 de 5

Novedad del Espíritu, Triduo de Preparación a Pentecostés. 3 de 5: Estructuras de pecado

* El pecado no es una colección de eventos aislados. Los pecados se van sumando y van creando estructuras crecientes que mutuamente se fortalecen para perpetuarse.

* Esto se ve muy bien en el sistema comunista: se empieza por ganar control político, pero pronto se controla la economía, a través de expropiaciones, y luego los medios de comunicación. Después la educación, la investigación, las universidades, las conversaciones privadas. Los tentáculos del poder no querrán detenerse hasta adueñarse de todo.

* Es la misma lógica del faraón, según el libro del Éxodo: quiere ser dios y señor de todo, y por eso no se detiene ante la vida humana, sino que la trata como un ingrediente más en la sopa de su propio poder y dominio. Su imperio se vuelve férreo e impenetrable.

* Cuando un sistema se vuelve una muralla y una prisión que encarcela las mentes y los sueños se necesita un golpe de gracia, una irrupción de poder, un toque de Dios. Tal es el primer sentido del término “unción” : ungidos son los instrumentos que Dios usa para romper la tupida rejilla de los sistemas de pecado.

Play
Play

Preparacion para Pentecostes, 2 de 5

Novedad del Espíritu, Triduo de Preparación a Pentecostés. 2 de 5: Descubrir el propio corazón

* Tenemos capacidad de razonar, de desear y de comunicarnos. De esas capacidades surgen pactos, consensos, leyes e instituciones. ¿No debería ser eso suficiente para dar felicidad al ser humano y para organizar la sociedad?

* El problema no está en las instituciones ni en las leyes, que suelen ser razonables, útiles y justas, sino en un centro al que nos conduce la revelación bíblica, especialmente a través del camino tortuoso del Antiguo Testamento. Ese centro, tantas veces enfermo, es el corazón humano.

* Entendemos por “corazón” esa interioridad, ese “espacio” de verdad que uno reconoce cuando puede hablar con sinceridad sobre sí mismo y como ante sí mismo. En esa interioridad uno descubre sus verdaderas motivaciones, los principios que en realidad gobiernan la vida, y también la distancia, a menudo abismal, que lo separa a uno de lo que uno dice creer.

* Ese corazón es el lugar que quiere y puede visitar el Espíritu Santo de Dios. Este es el Espíritu que ilumina, sacia, transforma y a la vez une los corazones, sanando las heridas del pecado y volviéndonos verdaderos interior y exteriormente.

Play
Play