Puertas Abiertas al Corazon de Cristo

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Esta meditación es la segunda de tres, de un Retiro en agosto 2007 a un grupo de Vírgenes Seglares. Conocer el Corazón de Jesús es tratarlo como lo que es: Señor y Esposo de la Iglesia, esposo también del alma creyente. Así como una esposa amantísima se esfuerza por conocer los gustos, preocupaciones, proyectos y sueños de su amado, así el alma consagrada descubre varias puertas que le llevan a saber cómo es Aquel que la ganó a precio de su Sangre.

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Don Virginal y Don de la Unidad

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Esta meditación es la tercera y última de tres, de un Retiro en agosto 2007 a un grupo de Vírgenes Seglares. De particular interés para personas consagradas, ayuda a todos a comprender aspectos esenciales y muy hermosos del camino del “seguimiento de Cristo.” La unidad está profundamente en el Corazón de Cristo. Si el pecado es división porque cada uno busca lo suyo, la unidad es fruto de la conversión y de la generosidad de todos. No puedo romper la unidad sin romper la unidad del Corazón de Jesús.

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Padres nuevos para un mundo nuevo

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La Cruz de Cristo es el “mirador” que nos permite contemplar en su conjunto la maravillosa obra de nuestra propia salvación. Desde la fuerza redentora de la Cruz hacemos un recorrido por la redención y renovación de lo que significa ser hombre, ser varón. La solución para nuestra sociedad no es poner a competir hombres y mujeres, sino descubrir que los errores cometidos por una masculinidad insegura han de ser profundamente sanados pues sólo con papás nuevos tendremos familias nuevas, y un mundo nuevo. Esta predicación se ofreció en el marco del Congreso de Familias de la Asociación María Santificadora, el día 5 de Agosto de 2007.

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Mi Familia es mi Tesoro

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Predicación del 4 de Agosto de 2007, en el contexto del Congreso de Familias organizado por al Asociación María Santificadora. Consta en la Biblia que desde el principio de la Historia el enemigo ha querido destruir la familia, que es hogar, comienzo y restauración de la vida humana. La batalla no está perdida, sin embargo, pues la misma Escritura nos da pistas para valorar y defender el tesoro de la familia.

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