Apocalipsis 12 de 12: Aprender a ser verdaderos

Apocalipsis: Un Canto de Esperanza

Tema 12: Aprender a ser verdaderos

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Resumen

* Vencida la maldad en sus diversas expresiones, lo que queda es una visión de lo que es la victoria definitiva. Esta se expresa con la doble imagen de una ciudad santa, la Jerusalén celestial, y una mujer, la Novia y Esposa del Cordero.

* Cristo, entonces, no es un elogio de una vida sin pareja, como en contradicción con lo dicho en el Génesis: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2,18). Conviene mirar entonces la virginidad consagrada desde sus fuentes bíblicas, es decir, como una opción en razón de la urgencia del reino (Mateo 19) y como un acto de amor y unión fiel a Cristo-Esposo.

* La descripción de la ciudad recoge las principales imágenes del gozo compartido y de la paz duradera, como han aparecido a lo largo de la Escritura: materiales nobles, puertas abiertas, seguridad perpetua, luz indeficiente, sólido cimiento, comunión de lenguaje, afluencia de la riqueza de las naciones; detrás de esas imágenes brillan dos: el paraíso recuperado y el nuevo templo descrito por Ezequiel.

* Pero toda esta hermosura requiere de una purificación anterior. Sobre todo, la purificación de toda mentira. Esta condición se enumera tres o cuatro veces en los últimos capítulos del Apocalipsis, indicando así que toda disimulación de la fe, y todo pretender aparentar están condenados al fracaso. El que tiene fe, verdadera fe, en cambio, sabe que en la promesa de Cristo está toda su alegría, y por eso clama con la fuerza del Espíritu: “Ven, Señor Jesús.”

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Apocalipsis 11 de 12: La victoria de Cristo

Apocalipsis: Un Canto de Esperanza

Tema 11: La victoria de Cristo

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Resumen

* La caída de Babilonia no garantiza, por sí misma, que las fuerzas del mal no volverán a atacar. Por eso la confrontación definitiva está por suceder, porque es necesario que el príncipe del mal sea neutralizado para siempre. Este “para siempre” se llama “muerte segunda” en el Apocalipsis y se representa con la imagen de un lago de fuego y de azufre del que ya no es posible salir. Corresponde, este lago, a la nación teológica del infierno.

* Hay entonces cantos de alabanza (Apocalipsis 19,1-10) pero el combate contra Satanás está a punto de suceder. Se describe con cierto detalle a los dos ejércitos que van a enfrentarse. El combate es brevísimo (como en Génesis 3, en que no hay conversación entre Dios y la serpiente) porque la bestia y el falso profeta, o sea, la “segunda bestia,” son capturados y arrojados al lago de azufre, mientras que el dragón es encadenado. Así deberá permanecer durante 1.000 años. Este pasaje (Apocalipsis 20,1-6) es el que sirve de base al milenarismo.

* ¿Cómo entender estos mil años? Hay quienes creen que se trata de un tiempo real en esta tierra, coincidente o no con fechas como el año 1000 o el año 2000. Otros piensan que se trata de un tiempo que estaría próximo ahora mismo (comienzos del siglo XXI) y que coincidiría con el triunfo y reinado del Inmaculado Corazón de María.

* El problema con esta interpretación es doble: (1) Subestima el poder del demonio. Jesús dice que los últimos días tienen que ser acortados (véase Mateo 24,22) porque, si no, incluso los elegidos perecerían. (2) La naturaleza humana es notoriamente constante a través de las culturas y los tiempos. Aunque hubiera una gran purificación como la de los tres días de oscuridad, los sobrevivientes de seguro tendrían pronto nuestras mismas tentaciones, y luego pecados semejantes.

* Parece entonces más segura la interpretación que ve al demonio como encadenado en este tiempo presente, según lo que dice Santa Catalina, que ni el demonio ni creatura alguna puede obligarnos a pecar. Es verdad que hay maldad, pero es el efecto de los ladridos de ese perro encadenado, y también el efecto que encuentran quienes entran en el espacio de su cadena. Ello no quita el triunfo del Inmaculado Corazón; pues María misma fue llevada en la más perfecta santidad dentro de la más completa discreción; y además, el Señor dijo que el Reino de Dios no estaba “ni aquí ni allí”: no es asunto de lugares o épocas (véase Lucas 17,20).

* El fruto del segundo combate escatológico es la caída y condena del dragón mismo, y la convocación a juicio de todos los seres humanos. Debe entonces destacarse que una cosa es la condena ya declarada en contra de la trinidad de tinieblas (el dragón, la bestia y la segunda bestia), y otra cosa es lo que habrá de suceder incluso con aquellos que por ignorancia, debilidad o provecho miope militaron tras el demonio. Queda una esperanza, sobre la base de la conversión y las buenas obras.

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