En el mundo sin ser del mundo

[Contiene las dos partes de un encuentro con miembros del Carmelo seglar en Santa Fe, Argentina.]

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* Ser seglar como vocación, no como el residuo de no ser sacerdote o religioso.

* Toda vocación nace de la sintonía con aquel que nos ha creado, redimido y amado. A la escucha del Espíritu, percibimos, a cada paso, la voz de aquel que nos llama.

* En el caso del seglar, esa llamada implica el paso del mismo Espíritu Santo que no sólo quiere obrar en nosotros sino a través de nosotros.

* Con otras palabras, ser seglar es proclamar el reinado de Jesucristo en las realidades de este mundo, y obrar en consecuencia, desde nuestro ámbito propio, para que así suceda.

* La vocación del seglar es irreemplazable: sólo quien está en el lugar donde se discuten y deciden asuntos de cultura, ciencia, arte, política o literatura puede alcanzar en profundidad esas realidades y orientarlas en acuerdo con el mensaje de Cristo y para su gloria.

* Ello implica, a menudo, una labor paciente de siembra generosa, escucha caritativa de las necesidades de otros, y observación atenta a la “hora de Dios” en que quizás estarían mejor dispuestos a recibir la Palabra y la gracia del Señor.

* Pero además, es preciso que el seglar sepa que le corresponde en primera línea defender la dignidad de toda vida humana. Periodistas, escritores, literatos, filósofos, médicos, abogados y jueces, entre otros, tienen en esto una gran responsabilidad. Sus palabras y decisiones pueden efectivamente abrir las puertas de una “cultura de la vida.”

* Ha de tenerse en cuenta, sin embargo, que en todos estos empeños, además de los argumentos y razones, hace falta creatividad, espíritu de sana militancia, buen humor y trabajo en equipo, y aquella originalidad que da el Espíritu.

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