Amigos, o solo cohabitantes

“Algunas personas expresan que tienen muchos amigos, pero a veces no saben lo que dicen. Presumen de los que califican como amigos, pero que son sólo compañeros de parrandas, de entretenimientos, de diversiones, o de trabajo y de actividades comunes. No hay una relación profunda entre ellos. Se reúnen, ríen, beben, cantan, cuentan chistes, juegan, critican, hablan de todo, menos de sí mismos…”

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Sobre el ejercicio cotidiano de la caridad, entre fragilidades y pecados

¡Que el otro está lleno de defectos! Bien… Pero, además de que sólo en el Cielo están los perfectos, tú también arrastras los tuyos y, sin embargo, te soportan… -¡Aprende!

¡De acuerdo!, lo admito: esa persona se ha portado mal; su conducta es reprobable e indigna; no demuestra categoría ninguna. -¡Merece humanamente todo el desprecio!, has añadido. -Insisto, te comprendo, pero no comparto tu última afirmación; esa vida mezquina es sagrada: ¡Cristo ha muerto para redimirla! Si El no la despreció, ¿cómo puedes atreverte tú?

Si tu amistad se rebaja hasta convertirse en cómplice de las miserias ajenas, se reduce a triste compadreo, que no merece el mínimo aprecio.

Verdaderamente la vida, de por sí estrecha e insegura, a veces se vuelve difícil. -Pero eso contribuirá a hacerte más sobrenatural, a que veas la mano de Dios: y así serás más humano y comprensivo con los que te rodean.

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¿Es verdadero amor si está esperando algo a cambio?

Padre, si una persona dice tener amor fraterno hacia su prójimo pero si espera que de igual manera ese amor sea mutuo y si se siente celos de algunas personas que se le acercan es porq realmente el q dice amar nunca amo? — C.F.

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Hay amor de transacción, que es el más frecuente en las relaciones humanas, y hay amor de gratuidad, como el que Dios nos tiene.

No se debe esperar que todo amor sea de gratuidad ni se debe definir el amor, en general, como pura gratuidad, es decir: “dar sin esperar nada a cambio.” Es cierto que hay una forma elevada de amor, que tiene su fuente en Dios, y que se llama propiamente “caridad,” y que obra así, pero el funcionamiento normal de la sociedad requiere reciprocidad. Y por eso, lo normal, lo tácitamente esperado, es que haya reciprocidad.

Pensemos en el caso de una pareja. Con mucha frecuencia, la generosidad femenina es muy grande. Una mujer que defina el amor como “dar y no esperar nada” ¿qué reacción tendrá frente a la violencia doméstica, la infidelidad del esposo, la humillación de verse pospuesta mientras el corazón del hombre al que le entrega “todo” y cada vez le da “nada”? Si a esa mujer le decimos que el amor no requiere reciprocidad estamos destruyendo su dignidad y ciertamente no estamos ayudando al esposo que, interpretando mal la generosidad de la esposa, se hunde en sus visios egoístas.

Algo parecido sucede en la amistad. Hay personas que están esperando todo el tiempo que las tomen en cuenta, las llamen por teléfono, tengan detalles de afecto con ellas; pero ellas mismas dan muy poco. Son gente experta en quejarse y pedir atención pero se han acostumbrado a girar sólo en torno a sus intereses. Si estando cerca de alguien así pretendemos aplicar sin discernimiento que amar es dar sin esperar nada, lo único que estamos consiguiendo es empeorar la condición egoísta de la misma persona que supuestamente estamos amando.

Por supuesto, si la persona lo que espera en reciprocidad es una especie de “posesión,” o sea, de adueñarse del tiempo, los afectos o los intereses de la otra persona, eso no es reciprocidad: eso es una forma de control e incluso de explotación, y hay que estar en guardia también frente a ese peligro.

Por eso, en las relaciones cotidianas, normales, hay que esperar que haya afecto, alegría, donación; pero también una sana reciprocidad, un equilibrio. No exactamente como quien compra o vende pero sí como quien entiende que, al igual que un buen baile, uno solo no es pareja, y el baile no funciona.

Estas reflexiones no quitan espacio para el amor sublime, el amor de caridad. La idea no es quitarle espacio a la caridad sino a la manipulación, los complejos, el bullying, el egoísmo. Y para erradicar esas plagas hay que poner un piso sólido de trato justo. Sobre esa base, y sobre la conciencia de la dignidad de todos, ¡qué hermoso donarse a aquellos que quizás no tienen cómo pagarlo, en especial, los más pequeños, los más pobres y los más alejados!

Aprender a dar de lo reicbido

Has tenido la gran suerte de encontrar maestros de verdad, amigos auténticos, que te han enseñado sin reservas todo cuanto has querido saber; no has necesitado de artimañas para “robarles” su ciencia, porque te han indicado el camino más fácil, aunque a ellos les haya costado duro trabajo y sufrimientos descubrirlo… Ahora, te toca a ti hacer otro tanto, con éste, con aquél, ¡con todos!

Más pensamientos de San Josemaría.