Inmortalidad del alma espiritual humana

“La «metaantropología» –tal como denomina Abelardo Lobato a la doctrina del hombre del Aquinate– prueba la existencia y naturaleza de una unión de lo espiritual, de un ente substancial, subsistente o con un ser propio como toda substancia, con una parte substancial incompleta, como es la materia. Además, que el espíritu humano es el alma de la materia o forma del cuerpo, y, que ello constituye la unidad del compuesto, La misma naturaleza del espíritu humano requiere informar al cuerpo. La unión substancial o en el único ser del alma y del cuerpo del hombre, que se sigue de este peculiar hilemorfismo explica porqué los dos constitutivos del hombre estén referidos mutuamente. El alma espiritual lo es de un cuerpo y el cuerpo material lo es de un espíritu. El uno es para el otro en la unidad del compuesto humano. Por separado, ni el cuerpo ni el alma constituyen al hombre. El cadáver no es el hombre, ni el alma separada tampoco…”

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La unión humana del alma y el cuerpo

“El espíritu humano, aunque sea una substancia, ha probado el Aquinate, puede ser parte del hombre como forma del cuerpo, porque confiere su propio ser espiritual a todo el compuesto humano. Después de la exposición y demostración de su tesis, añade: «Esto nos mueve a considerar la admirable conexión de las cosas»…”

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¿Se puede seguir hablando de clases de almas?

Estimado padre saludos. ¿es todavía actual al concepción de una alma vegetal, una animal y la humana? Un sacerdote profesor de teología me dice que esa concepción ya no es vigente y que las plantas se rigen por energía al igual que los animales y que los seres humanos tenemos el ser. Agradezco su respuesta de antemano. Mi oración con usted. – SDD.

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Las ideas cuando son acertadas son siempre actuales aunque no sean populares.

Pero el problema con los varios tipos de alma no es que sea un pensamiento antiguo sino que hay serias objeciones contra él, sobre todo porque antiguamente se creía que no había ningún tipo de sensibilidad en las plantas y resulta que las plantas ciertamente sienten aunque sus tiempos de respuesta y la clase de estímulos a los que reaccionan son inusuales o limitados. En ese sentido, hablar de alma vegetativa y alma animal es un poco arbitrario.

Observemos que ese problema no se soluciona hablando de “energías.” Más bien el término energía induce a una confusión mayor. Los átomos individualmente considerados manejan flujo de energía, lo mismo que las máquinas. ¿Entonces, qué? Vamos a decir que las máquinas están vivas lo mismos que las plantas y los animales?

Mucho más pobre es sacar como conclusión que el ser humano “tiene el ser.” Si hay una palabra de uso universal y aplicable a todo es “ser,” simplemente porque todo “es.”

Lo más sensato es hablar de alma, haciendo una clara diferencia entre el alma humana, dotada de inteligencia y voluntad, y de suyo inmortal, y las almas, o sea, la característica de “seres” vivos que tienen tanto las plantas como los animales.

Cualidades y cantidades en hombres y en ángeles

Mi pregunta viene específicamente en este fragmento de un libro del P. Ovila M.: “Las personas que constituyen la especie humana, difieren por la materia y por sus relaciones cuantitativas; Por otro lado, los Ángeles, buenos y malos, que son también personas y cada uno de los cuales constituye una especie única, difieren por sus relaciones cualitativas.” ¿Cuáles son las relaciones cuantitativas y cualitativas? – C.V.A.

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Parece bueno el contenido del libro, a juzgar por las citas que me transcribes.

Esa pregunta tiene que ver con los conceptos de materia y forma, conceptos aristotélicos, que la Iglesia, después de Santo Tomás de Aquino, aplica a la realidad del ser humano, definido como unidad substancial de cuerpo y alma.

Si uno se pregunta qué hace distinta a una persona humana de otra, sabiendo que la diferencia no puede venir de la especie, porque ambos son de especie humana, resulta evidente que la causa de la diferencia no está en alguna CUALIDAD esencial, que estaría en el alma, porque, en esencia, todos somos simplemente miembros de la especie humana. La diferencia debe provenir entonces del cuerpo: son las proporciones, duraciones y distribuciones de los elementos materiales y corporales los que nos hacen distintos, en concordancia con la historia personal de cada uno de nosotros. Cuando se habla de proporciones, duraciones y distribuciones se puede decir que se está hablando de CANTIDADES. Por eso se dice, en filosofía clásica, que las diferencias entre seres humanos no son esencialmente cualitativas sino cuantitativas.

Si ahora pasamos al caso de los ángeles, de inmediato se nota una diferencia con los seres humanos: ni los ángeles buenos, ni los malos, tienen cuerpo. No hay realidad corporal en ellos. No pueden ser distintos unos de otros en razón de proporciones, duraciones o distribuciones, porque todo ello es propia de la materia. Entonces un ángel no se diferencia cuantitativamente de otro. pero sí son distintos. Entonces deben ser distintos cualitativamente, o lo que es lo mismo, aunque ambos son ángeles, no son de la misma especie: las cualidades esenciales de uno y de otro deben ser diferentes porque si no, ellos no serían diferentes.

Esto es lo que quiere decir que en los seres humanos las diferencias son cuantitativas, y entre los ángeles son cualitativas.