La Verdad y la Humildad

“Las tierras de un hombre rico dieron una gran cosecha., El estuvo echando cálculos: ¿Qué hago? No tengo dónde almacenarla”. Y entonces se dijo: Voy a hacer lo siguiente: derribaré mis graneros, construiré otros más grandes y almacenaré allí el grano y las demás provisiones. Luego podré decirme: “Amigo, tienes muchos bienes almacenados para muchos años: túmbate, come, bebe y date la buena vida”. Pero Dios le dijo: Insensato, esta noche te van a reclamar la vida. Lo que te has preparado, ¿para quien será? Eso le pasa al que amontona riquezas para sí y para Dios no es rico” (Lucas 12,16-21).

El hombre rico de esta parábola sin duda es inteligente, conoce sus propios asuntos. Sabe calcular las posibilidades del mercado; tiene en consideración los factores de inseguridad tanto de la naturaleza como del comportamiento humano; sus reflexiones están bien pensadas, y el éxito le da la razón.

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137. AMEN y Santidad

137.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

137.2. Con la palabra “amén” se designa, entre otras cosas, la acogida a aquello que ha sido anunciado, es decir, el asentimiento de mente y de corazón a lo que Dios, en últimas, ofrece al hombre. Piensa cómo es cierto que esta sola palabra constituye una pequeña pero muy elocuente oración, con la cual ciertamente puedes entregarte a Dios con todo lo que eres, lo que fuiste y lo que serás.

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Ejercicios sobre el perdon, 49

SERVIR ES PERDONAR: Les invito a reflexionar sobre el perdón partiendo de un gesto simbólico del Señor (Jn 13, 2-17) en una de sus enseñanzas extraordinarias. Se trata del gran servicio que debemos entregar al hermano con nuestro perdón. También nosotros, como discípulos de Jesús, podemos realizar ese gesto simbólico de lavar los pies a los hermanos. Esta experiencia puede tocar nuestro corazón, si la hacemos en oración. Con el gesto del lavatorio de los pies Jesús quiso enseñar a sus discípulos lo que es el servicio. Y servir es amar. Y amar es perdonar. Así que, en oración, vamos a lavar los pies a un hermano, como símbolo de amor, para reparar la falta de amor en nuestra vida; y como símbolo de perdón, para perdonar a quien sintamos necesidad de hacerlo.

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Jesucristo es el centro de la historia y del universo

¡Ay de mi si no anuncio el Evangelio! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy Apóstol y Testigo. Cuanto más lejana está la meta, cuanto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia nos apremia el amor. Debo predicar su nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios Vivo; Él es quien nos ha revelado al Dios Invisible, Él es el primogénito de toda criatura, y todo se mantiene en Él. Él es también el Maestro y Redentor de los hombres; Él nació, murió y resucitó por nosotros.

Él es el centro de la historia y del Universo; Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; Él, ciertamente, vendrá de nuevo y será finalmente nuestro Juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.

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