ROSARIO de las Semanas 20210211

#RosarioFrayNelson para el Jueves:
Contemplamos los Misterios de la vida pública del Señor

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que es bautizado por Juan en el Jordán y recibe la unción del Espíritu Santo.
  2. En el segundo misterio de la vida pública contemplamos que el diablo tienta a Jesús en el desierto pero al final tiene que retirarse derrotado.
  3. En el tercer misterio de la vida pública contemplamos las bodas en Caná de Galilea, donde Cristo dio su primera señal como Mesías.
  4. En el cuarto misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que predica la Buena Nueva a los pobres.
  5. En el quinto misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que llama a algunos discípulos para que estén con él y sean sus apóstoles.
  6. En el sexto misterio de la vida pública contemplamos la transfiguración del Señor, verdadero anuncio de su pasión y de su pascua.
  7. En el séptimo misterio de la vida pública contemplamos la institución de la Eucaristía y el mandamiento de amar como Jesús nos ha amado.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

6 Derechos fundamentales que viola la nueva Ley de Educación en España

“La Comisión Jurídica Nacional por la Libertad de Educación es un grupo de profesionales españoles del Derecho en el que participan también diversas instituciones educativas. Este equipo ha presentado ante la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, una Petición en la que se solicita el amparo de las instituciones comunitarias frente a la violación de derechos fundamentales y los ataques a la Libertad de Educación (y contra la educación católica y concertada) que significa en España la recientemente aprobada Ley Celaá…”

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P. José de Anchieta: testimonio de oración y pobreza

Oración y pobreza

En 1736 Clemente XII proclamó heroicas las virtudes del padre José de Anchieta. En efecto, Anchieta fue hombre penitente, de ásperos cilicios, que apenas dormía, pues prefería emplear la noche en la oración, y que cuando dormía lo hacía sobre una tabla, con un zapato por almohada, o si estaba solo, sobre la tierra, con un manojo de varas como cabezal. Siempre descalzo, hizo a pie muchos viajes apostólicos, y cuando iba con otros, se quedaba a veces rezagado para entregarse a solas a la oración, y luego les alcanzaba con asombrosa facilidad.

Nos cuenta Nieremberg que «su oración era continua, porque eran muchas las horas que daba a este santo ejercicio. La noche casi toda pasaba orando, no dando reposo al cuerpo, sino al alma. En las muchas peregrinaciones que tuvo solía llegar hecho pedazos de cansancio, pero no por eso tomaba más descanso que en casa, pasando la noche en oración, como solía. Fuera de esto, la presencia que tenía de Dios era continua, teniéndole presente en todas las cosas y negocios… Ningún lugar, tiempo, ocupación, le apartaba el pensamiento de Dios, y a veces era con tanta intensión, que estando comiendo se olvidaba de la comida» (Nieremberg 544-545).

Más de una vez sus compañeros le vieron orar levantado de tierra, o en la noche, pudieron ver el lugar donde oraba inundado de luz. Era muy devoto de la Pasión de Cristo, y solían oirle, sobre todo de noche, repitiendo los nombres de los tormentos padecidos por Jesús, al tiempo que al pronunciarlos, hería la tierra con los pies, «señal del vivo sentimiento que tenía en el alma».

Su pobreza era extremada, y no tenía más vestidos que los que llevaba puestos, y ésos gastados y raídos, siempre los peores de la casa. En su celda nada tenía guardado, tan nada que ni plumas tenía para escribir, y había de pedirlas prestadas cuando iba a escribir algo, volviéndolas luego a su dueño. Ni siquiera quería guardar consigo las cosas que escribía, a veces de gran mérito, y las daba a guardar al Superior, porque él no quería tener nada en posesión. No admitía ningún regalo, ningún don, por pequeño que fuera, y menos aceptaba honores o distinciones, que veía con sincero horror (546).


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.