LA GRACIA del Jueves 15 de Septiembre de 2016

MEMORIA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Cristo con su sangre y la Virgen María con sus lágrimas nos muestran que la vida cristiana es de participación en la cruz y que el dolor no derrumba nuestra fe sino que la hace madurar.

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¿Podemos afirmar que Dios es el mismo si sus leyes cambian del Antiguo al Nuevo Testamento?

Fray Nelson, le hago una pregunta: Hay una disputa entre cristianos no católicos sobre la ropa que debe usar o ponerse una mujer cristiana. Los que dicen que una mujer cristiana no debe usar pantalón se fundamentan en el siguiente pasaje bíblico: “La mujer no llevará ropa de hombre ni el hombre se pondrá vestidos de mujer, porque el que hace esto es una abominación para Yahvé tu Dios”. Resulta que cuando uno para refutar les dice que este texto hay que leerlo a la luz de un contexto, es decir, el contexto histórico y la mentalidad para a cual fue escrito, responden estas personas que Dios es siempre el mismo. La pregunta es: ¿como se demuestra que el hecho de que Dios sea siempre el mismo, no contradice el que este texto haya que leerlo de acuerdo a un contexto histórico y cultural, y viceversa? — J.S.

* * *

La alusión al contexto es insuficiente como respuesta. Es demasiado vaga, y si lo piensas bien, podría servir para justificar casi cualquier cosa: cada vez que encuentre algo en la Biblia que no me guste, voy a decir que eso sólo valía para ese contexto. Así obran, por ejemplo, los que afirman por ejemplo que sí se debe permitir la ordenación sacerdotal de mujeres porque los textos que se oponen a tal práctica pertenecen a un contexto cultural machista, que se va superando, según ellos piensan. Así que la clave de la respuesta no está en la palabra contexto.

Esa clave más bien hay que buscarla en el papel que cumplía la Ley de Moisés. San Pablo nos dice expresamente que la Ley fue un “pedagogo” para llevarnos a Cristo (Gálatas 3,24); y la Carta a los Hebreos 8,13 considera que esa Ley ha quedado desueta y superada por el nuevo régimen en Cristo, basándose en Jeremías 31,31-34. De modo que tenemos razones bíblicas para considerar el conjunto de la Ley de Moisés como una provisión de Dios que, en su misericordia, quería llevarnos a la conciencia del pecado para así recibir a Cristo.

Por otro lado, el mismo Cristo dice que no ha venido a abolir sino a dar plenitud (Mateo 5,17), de modo que no debemos pensar que la relación entre la Ley “Antigua” y la Ley “Nueva” es algo tan sencillo como suprimir la primera, cual si nunca hubiera existido, y luego afirmar la segunda. Si las cosas fueran así, la primera hubiera sido un estorbo y no un camino o preparación para la segunda.

Debemos entender entonces que hay elementos más permanentes y elementos menos permanentes en la Ley de Moisés. Los más permanentes no hay que adivinarlos ni mucho menos escogerlos a capricho. Cuando Cristo reafirma la centralidad de amar a Dios sobre todas las cosas, por ejemplo en Marcos 12,28-34, está repitiendo lo que todo judío conocía a partir de Deuteronomio 6,4. También en Mateo 19,16-19 Jesucristo reafirma el valor de los llamados Diez Mandamientos, que por tanto deben ser algo más que disposiciones temporales.

El estudio comparativo de textos nos hace ver que muchas prescripciones de la Antigua Ley tenían un valor educativo pero de ninguna manera fueron confirmadas en la Nueva Alianza. Así por ejemplo, mientras que Moisés prohibía comer ciertos alimentos, san Pablo dice expresamente en la Carta a los Romanos 14,17 que “el reino de Dios no es comida ni bebida.” En el mismo sentido hay un pasaje muy claro en Hechos de los Apóstoles 10. Repito: esto no es asunto de capricho ni de adivinar sino que está bien establecido en la misma Biblia.

Es claro entonces lo que hay que decir frente a lo del uso de pantalones por parte de las mujeres: la Ley de Moisés no puede considerarse por sí misma autoridad para dirimir el asunto. Otros argumentos podrán exponerse pero ese de la Ley Antigua no vale.

Algo parecido sucede con otra discusión distinta. Hay gente que dice que si nos apoyamos en la Biblia, como efectivamente hacemos, para mostrar el carácter intrínsecamente perverso de las relaciones homosexuales entonces deberíamos seguir lo que la Biblia dice sobre comer carne de cerdo, por ejemplo. es un modo astuto pero erróneo de argumentar: no se pueden poner al mismo nivel estos dos tipos de preceptos. mientras que lo de la comida ya lo hemos aclarado, hay varios textos del Nuevo testamento que expresamente muestran el desorden que implica el comportamiento homosexual. Al respecto puede leerse Romanos 1,18-32.