Dimensión Institucional de la Vida Religiosa, 03 de 10: Alegraos

[Retiro a la Provincia de Bogotá de las Hermanas de la Presentación. Junio de 2015,]

Tema 03 de 10: Alegraos

* Subrayamos algunos párrafos del documento ¡Alegraos! promulgado por la Congregación para la Vida Consagrada para motivar el Año de la Vida Consagrada. Lo principal es sabernos encontrados, alcanzados, transformados por el amor de Dios. Se trata, ante todo, para “verificar nuestra vida” a la luz de Dios.

El Papa nos pide releer nuestra historia personal y verificarla a la luz de la mirada de amor de Dios, porque si la vocación es siempre iniciativa suya, a nosotros nos corresponde la adhesión libre a la economía divino-humana, como relación de vida en el ágape, camino de discipulado, «luz en el camino de la Iglesia».[21] La vida en el Espíritu no tiene tiempos establecidos, sino que se abre constantemente al misterio mientras discierne para conocer al Señor y percibir la realidad a partir de Él. Al llamarnos, Dios nos hace entrar en su descanso y nos pide descansar en Él, como proceso continuo de conocimiento de amor; resuena para nosotros la Palabra tú te afanas y preocupas por muchas cosas (Lc 10,41). En la via amoris caminamos en una nueva vida: la vieja criatura renace a vida nueva. El que está en Cristo, es una nueva creación (2 Co 5,17).

El Papa Francisco indica el nombre de este renacer: «esta senda tiene un nombre, un rostro: el rostro de Jesucristo. Él nos enseña a ser santos. En el Evangelio nos muestra el camino: el camino de las Bienaventuranzas (cf. Mt 5, 1-12). Esta es la vida de los santos: personas que por amor a Dios no le pusieron condiciones a Él en su vida».

La vida consagrada está llamada a encarnar la Buena Noticia, en el seguimiento de Cristo, muerto y resucitado, a hacer propio el «modo de existir y de actuar de Jesús como Verbo encarnado ante el Padre y ante los hermanos». Asumir en concreto su estilo de vida, adoptar sus actitudes interiores, dejarse inundar por su espíritu, asimilar su sorprendente lógica y su escala de valores, compartir sus riesgos y sus esperanzas: «guiados por la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por la Verdad que es Cristo, y no puede dejar de proclamarla».

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Dimensión Institucional de la Vida Religiosa, 02 de 10: Vita Consecrata

[Retiro a la Provincia de Bogotá de las Hermanas de la Presentación. Junio de 2015,]

Tema 02 de 10: Vita Consecrata

* Promulgada en 1996, la Exhortación Apostólica Vita Consecrata se inscribe en un contexto cultural marcado por cuatro grandes hechos, a lo menos:

(1) La revolución de Mayo de 1968 en París: crisis de sentido de la vida; acumulación de desconfianza contra las grandes instituciones y grandes relatos.

(2) La Conferencia General del Episcopado Latinoamericano reunida en Medellín, en agosto de 1968: puso de relieve las múltiples injusticias que atraviesan un continente en su mayoría católico. Abrió el camino hacia la Teología de la Liberación.

(3) La caída del comunismo soviético, en 1989, hecha visible con la caída del muro de Berlín. Entre otras cosas, este hecho dejó al capitalismo individualista y consumista como prácticamente único jugador en el ámbito mundial.

(4) El surgimiento de una sociedad “post-moderna” que no cree en los “grandes relatos” y que se encierra con egoísmo pragmático en sus pequeños intereses.

* Escribe el Papa Juan Pablo II:

Quiero dirigirme con esta Exhortación apostólica a toda la Iglesia, para ofrecer no sólo a las personas consagradas, sino también a los Pastores y a los fieles, los resultados de un encuentro alentador, sobre cuyo desarrollo no ha dejado de velar el Espíritu Santo con sus dones de verdad y de amor.

En estos años de renovación la vida consagrada ha atravesado, como también otras formas de vida en la Iglesia, un período delicado y duro. Ha sido un tiempo rico de esperanzas, proyectos y propuestas innovadoras encaminadas a reforzar la profesión de los consejos evangélicos. Pero ha sido también un período no exento de tensiones y pruebas, en el que experiencias, incluso siendo generosas, no siempre se han visto coronadas por resultados positivos.

Las dificultades no deben, sin embargo, inducir al desánimo. Es preciso más bien comprometerse con nuevo ímpetu, porque la Iglesia necesita la aportación espiritual y apostólica de una vida consagrada renovada y fortalecida. Con la presente Exhortación postsinodal deseo dirigirme a las comunidades religiosas y a las personas consagradas con el mismo espíritu que animaba la carta dirigida por el Concilio de Jerusalén a los cristianos de Antioquía, y tengo la esperanza de que se repita también hoy la misma experiencia vivida entonces: « La leyeron y se gozaron al recibir aquel aliento » (Hch 15, 31). No sólo esto: tengo además la esperanza de aumentar el gozo de todo el Pueblo de Dios que, conociendo mejor la vida consagrada, podrá dar gracias más conscientemente al Omnipotente por este gran don. (Vita Consecrata, 13)

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