Enamorada de uno que no sabe si quiere para padre de sus hijos

Perseguida por una nube de paparazzis, desde su título como Señorita Colombia (1993) y más tarde como Virreina Universal (1994), les huye a los espacios atiborrados de gente, prefiere el anonimato de su hogar -está estrenando apartamento en Bogotá-. Aunque habla pasito y se camufla en una pinta discreta, alborota. Nuestra reina de reinas está en su mejor momento, en todos los sentidos.

¿Y el amor? “Estoy muy enamorada, vivo una estabilidad muy rica. Me siento tranquila”. Su novio, Borja Aguirre, exasesor presidencial de Noemí Sanín, le tiene el corazón latiendo a mil. Se siente serena, aunque confiesa: “Quiero ser mamá, muero por un bebé, pero sin afanes, aun no he encontrado con quién… (Risas)”.

Esta es la historia de Carolina Gómez, y la de muchas mujeres hoy: en tensión entre disfrutar una relación estéril de pareja (sin consecuencias) o entregar su ser a la vocación materna (con todas las consecuencias). Al final la disyuntiva la resuelve el tiempo, y se llama esterilidad de una sociedad.

Publicado via email from Palabras de camino

Obispado Castrense de Colombia

obispado castrense
“Una Iglesia particular Castrense evangelizada, donde sus miembros, transformados interiormente por el encuentro con Cristo Vivo, lleguen a una conciencia evangelizadora de testimonio y anuncio; para que, como discípulos y misioneros de Jesucristo, trabajen en la construcción de una patria reconciliadora, libre, segura y en paz…” Click!

Esperanzas y temores

4. Para cumplir esta misión es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza. He aquí algunos rasgos fundamentales del mundo moderno.

El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es así esto, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también en la vida religiosa.

Como ocurre en toda crisis de crecimiento, esta transformación trae consigo no leves dificultades. Así mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio. Quiere conocer con profundidad creciente su intimidad espiritual, y con frecuencia se siente más incierto que nunca de sí mismo. Descubre paulatinamente las leyes de la vida social, y duda sobre la orientación que a ésta se debe dar.

Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica. Mientras el mundo siente con tanta viveza su propia unidad y la mutua interdependencia en ineludible solidaridad, se ve, sin embargo, gravísimamente dividido por la presencia de fuerzas contrapuestas. Persisten, en efecto, todavía agudas tensiones políticas, sociales, económicas, raciales e ideológicas, y ni siquiera falta el peligro de una guerra que amenaza con destruirlo todo. Se aumenta la comunicación de las ideas; sin embargo, aun las palabras definidoras de los conceptos más fundamentales revisten sentidos harto diversos en las distintas ideologías. Por último, se busca con insistencia un orden temporal más perfecto, sin que avance paralelamente el mejoramiento de los espíritus.

Afectados por tan compleja situación, muchos de nuestros contemporáneos difícilmente llegan a conocer los valores permanentes y a compaginarlos con exactitud al mismo tiempo con los nuevos descubrimientos. La inquietud los atormenta, y se preguntan, entre angustias y esperanzas, sobre la actual evolución del mundo. El curso de la historia presente en un desafío al hombre que le obliga a responder.

[Constitucion Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, n. 4]