50 Verbos Esenciales
Para bien vivir, hay que saber...
1. Aprender
2. Conocerse
3. Retirarse
4. Callar
5. Mirar
6. Escuchar
7. Detallar
8. Meditar
9. Creer
10. Orar
Y dijo Jesús: «Yo os aseguro:
si no cambiáis y os hacéis como los niños,
no entraréis en el Reino de los Cielos.»
Mateo 18,3
Es éste un verbo que asociamos con la primera parte de nuestra vida; parece propio de la infancia y de la juventud.
Aprender supone la idea de «recibir o asimilar conocimientos», pero para nosotros denota también la apertura fundamental ante la realidad; la búsqueda siempre inacabada de la verdad; la capacidad de sacar la enseñanza de un hecho o de una persona; el deber y el derecho de encontrar nuevos y mejores modos de pensar, hablar y obrar; la necesidad y conveniencia de integrar lo ya conocido con lo que se va conociendo.
Dejar de aprender es suspender la vida, es clausurar el mundo, es declararse ausente, es como morir de mala muerte.
Al contrario, quien sabe aprender, ¡cuánto tiene ya para bien vivir!
1. ¿Cómo eliges lo que quieres aprender?
2. ¿A quién buscas una vez hecha esa elección?
3. ¿Quién juzgas que es «digno de aprenderle»?
4. ¿De quién aprendes más fácilmente?
5. ¿A dónde vas, si quieres aprender sobre algo?
6. ¿Por qué crees que hay cosas que se aprenden más facilmente o
mejor que otras?
7. ¿Qué crees que has aprendido en tu vida?
8. ¿Qué haces para no olvidar algo que has aprendido y que consideras
importante?
9. ¿Para qué crees que se
debe aprender?
10.¿Consideras que hay cosas que todos deberíamos aprender por igual?
11.Hoy, ¿qué quisieras aprender?
12.¿Te parece que existan cosas «ya aprendidas» en ti, es decir, como
innatas?
1 Dichoso
el que se aparta de las malas compañías,
que no sigue el
camino de los pecadores,
ni se junta a
reírse de Dios con los impíos,
2 sino
que su dicha está en seguir la voluntad de Dios
y día y noche se
dedica a conocerla.
3 Será
como árbol que tiene riego en abundancia,
que a su debido
tiempo da cosecha
y nunca se
marchita.
En todo lo que emprenda le irá
bien.
4 ¡Qué
distinta es la suerte de los malos!
Son como paja que
se lleva el viento.
5 Por
eso los malos en el juicio no podrán tenerse en pie,
los pecadores no
podrán juntarse con los justos.
6 Porque
el Señor guía a los justos por el buen camino,
pero el camino de
los malos los llevará a la perdición.
· En el pensamiento hebreo, conocer es tener experiencia de algo. Así se aprende qué es el sufrimiento (Is 53,3) y el pecado (Sab 3,13), la guerra (Jue 3,1) y la paz (Is 59,8), el bien y el mal (Gén 2,9.17).
· La sabiduría divina llama a los hombres y quiere hacerlos discípulos (Pr 1,20ss; 8,4ss.32s), porque Dios mismo quiere que aprendamos de él (Jer 31,31-34), hasta que seamos “discípulos de Yahvé” (Is 54,13). El discípulo de Jesús está llamado a vivir su mismo destino: aprender a vivir es compartir una vida (Mc 8,34; 10,38s) y recibir de Cristo el Reino (Mt 19,28s; Lc 22,28ss; Jn 14,3).
· En realidad, Cristo es el Maestro. Enseña en las sinagogas (Mt 4,23; Jn 6,59); en el templo (Mt 21,23; Jn 7,14); con ocasión de las fiestas (Jn 8,20) y también diariamente (Mt 26,55). Se le llama rabbi, es decir, “maestro”, y él lo acepta (Jn 13,33), aunque no se trata de ir tras los títulos (Mt 23,7).
· Cristo tiene autoridad singular (Mt 13,54), y de hecho no apela a las tradiciones humanas (Mt 7,29). Su doctrina es nueva (Mc 1,27; 11,18), porque lo que él enseña en realidad no proviene de él, sino del Padre que lo ha enviado (Jn 7,16s). Jesucristo nada nos enseña sino lo que ha aprendido del Padre (Jn 8,28). Esta enseñanza llega a suplenitud en el Espíritu Santo, que nos conduce “hasta la verdad completa” (Jn 16,13).
· No hay hombre que no lleve en sí el germen de un santo, y también el de un malvado. —Fr. Enrique Lacordaire, O.P.
· A las plantas las endereza el cultivo; a los hombres, la educación. —Rousseau.
· Es absurdo pretender la independencia de los fenómenos de la vida física, intelectual y moral, que se encuentran armónicamente vinculados por la naturaleza. La educación moderna, consagrada casi exclusivamente a la cultura intelectual intensiva, comete una violación de esta ley y provoca así un desequilibrio de graves consecuencias. —C. Sánchez Aizcorbe.
· Nadie hay tan perfecto que no necesite alguna vez de un consejo. —Gracián.
· Es una desgraciada imitación de Tántalo esa conjunción de ilustración que permite conocer y de la falta de carácter que impide realizarlo. —Agustín Álvarez.
· Una civilización que solamente penetra en el cerebro, y no en el fondo del corazón y del alma, es una civilización sin alegrías porque no puede satisfacer al hombre. —Keppler.
· Yo no puedo hacer nada con el hombre que se complace en el consejo, pero no lo medita; que reconoce la reprensión, pero no se reforma. —Confucio.
· Procura corregir en ti mismo lo que te disgusta de los demás. —Anónimo.
· Acuérdate que no tienes más que un alma, ni has de morir más de una vez, ni tienes más que una vida breve, ni hay más de una gloria y ésta eterna; recuerda todo ello y darás de mano muchas cosas. —Santa Teresa de Jesús.
· Sólo el sabio retrocede para tomar el verdadero camino. —Joubert.
· La costumbre te será contraria, pero la vencerás con otra costumbre mejor. —Kempis.
· En la escuela de la vida no hay vacaciones. —R. O. Danta.
Jesús no tenía necesidad
de que se le diera testimonio acerca de los hombres,
pues él conocía lo que hay en el hombre.
Juan 2,25
He aquí un verbo típico de la adolescencia.
Conocerse es, en primera instancia, identificar los rasgos de la propia manera de ser, con sus fortalezas y debilidades, posibilidades y límites, virtudes y defectos, aciertos y errores.
Pero conocerse también es apropiarse la historia, personal y colectiva; distinguir entre los sufrimientos simplemente padecidos, los buscados, los deseados y los no comprendidos; diferenciar las alegrías buenas de las merecidas, las intensas de las buenas y las perdurables de las intensas; no llamar conveniente a todo lo útil, ni provechoso a todo lo conveniente, ni correcto a todo lo provechoso, ni deseable a todo lo correcto.
Conocerse es acogerse; ser amigo pero no cómplice de sí mismo, y maestro pero no tirano de sí mismo.
Es percibir el llamado profundo de la vida, de la historia, del ser, y de DIOS.
1. ¿Qué significa para ti conocerse?
2. ¿Crees que te conoces?
3. ¿Cómo has llegado a conocerte, a través de qué o de quién?
4. Si dices que te conoces —o que no te conoces—, ¿por qué lo dices?
5. ¿Quién te conoce mejor?
6. ¿A quién conoces más y mejor?
7. ¿Desde cuándo crees que comienza uno a conocerse real y
conscientemente?
8. ¿Para qué te sirve o te ha servido conocerte?
9. Al conocerte, ¿qué quieres o quisieras de ti mismo?
10.¿A quién quisieras conocer y por qué? (máximo 3)
1 Señor,
tú me conoces hasta el fondo,
2 tú
sabes todo lo que hago,
tú penetras desde
lejos mis ideas;
3 tú
me ves, sea que camine o que descanse,
estás al tanto de
todo lo que emprendo.
4 Antes
que lleguen mis palabras a mis labios,
ya tú, Señor, las
conoces todas.
5 Por
todos lados me rodeas,
tu mano está
siempre sobre mí.
6 Tu
saber es demasiado admirable para mí,
es tan alto, que
no puedo comprenderlo.
7 ¿Dónde
podré escapar de tu presencia,
dónde podré huir
de tu mirada?
8 Si
subo al cielo, allí estás tú,
si bajo al reino
de la muerte, allí te encuentro.
9 Si
vuelo hasta el lugar del sol naciente,
o me alejo hasta
el extremo de occidente,
10 también allá me alcanzará tu
mano,
y podrás llegar a
mí.
11 Si digo: «Voy a esconderme en
las tinieblas,
voy a ocultarme
entre la noche»,
12 las tinieblas no son
impenetrables para ti,
y la noche es tan
clara como el día.
13 Tú creaste todo mi ser,
me formaste en el
seno de mi madre.
14 Te doy gracias, porque me has
formado prodigiosamente:
admirables son tus
obras.
Mi corazón lo
reconoce sin dudar.
15 Ninguna parte de mi ser se te
escondía
cuando en secreto
era formado
y entretejido en
lo profundo de la tierra.
16 Ya antes de nacer tú me veías.
Y aun antes de vivirlos,
tú tenías escrito
cada uno de mis días.
17 ¡Qué insondables para mí son
tus designios,
oh Dios, qué
incalculables todos ellos!
18 ¿Contarlos? Sería más fácil
contar granos de arena;
si llegara hasta
el fin, aún me quedarías tú.
23 Oh Dios, examina a fondo mi
corazón,
ponme a prueba y
conoce mis sentimientos.
24 Mira si mis pasos van hacia la
perdición,
guíame por el
camino eterno.
· Las resonancias que suscita la palabra “corazón” no son idénticas en hebreo y en nuestra lengua. Cierto que el sentido fisiológico es el mismo (2Sa 18,14; Os 13,18), pero los otros usos difieren sensiblemente. En nuestra manera de hablar, el “corazón” sólo evoca la vida afectiva. El hebreo concibe el corazón como “lo interior” del hombre en un sentido mucho más amplio. Además de los sentimientos (2Sa 15,13; Sal 21,3; Is 65,14), el corazón “contiene” también los recuerdos y los pensamientos, los proyectos y las decisiones. Por eso se dice que Dios ha dado a los hombres corazón para pensar (Sir 17,6); “dame tu corazón” puede significar “préstame atención” (Pr 23,26). Corazón endurecido puede restringirse a lo intelectual (Mc 8,17) o referirse a una resistencia más completa y total a la obra de Dios en uno mismo (Hch 7,51).
· El corazón es el lugar donde el hombre habla consigo mismo, donde modela su propio ser (Gén 17,17; Dt 7,17); de él proviene la “ley” que cada quien se da a sí mismo (Rom 2,15). A ese corazón apunta el amor de Dios, porque Dios, y sólo Dios escruta el corazón humano, que a menudo aparece débil y enfermo (Jer 17,9). Por eso Dios tiene que “circuncidar” el corazón (Dt 30,6), y aún más, escribir él mismo su ley en ese corazón (Jer 31,33), o mejor, crear un “nuevo corazón” en el que sea posible la alianza (Jer 32,39).
· A menudo, Dios lleva al hombre a conocerse mostrándole su pecado. Así, por ejemplo, los sacerdotes deben ofrecer sacrificios no sólo por el pueblo, sino por sí mismos (Lev 16,6.11). Pero serán sobre todo los profetas los principales encargados de denunciar las culpas, tanto de los jefes (p.ej., 1Sa 3,11; 13,13s; 2Sa 12,1-15; Jer 22,13), como del pueblo en general (p.ej., Dt 27,15-26; Ez 18,5-9; 33,25s; Sal 15; Pr 6,16-19). El salmo 51es un ejemplo bien claro de cuánto llega a conocerse el ser humano cuando reconoce su culpa ante Dios. Esa sensación profunda de “ser conocido” aparece también en el Sal 139.
· En el pasaje de Jesús y la samaritana (Jn 4,5-30) se nos muestra cómo Jesús es maestro en el arte de llevarnos al verdadero conocimiento de nosotros mismos. Cada uno puede decirle lo mismo que Natanael: “¿de dónde me conoces?” (Jn 1,48).
· Conócete a ti mismo. —Sócrates.
· Jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios: mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza; y mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad, veremos cuán lejos estamos de ser humildes. —Santa Teresa de Jesús.
· El conocimiento de sí, sin Dios, no pudiera conducir más que a la deseperación. —Raúl Plus, S.J.
· Después de haber discurrido por todas las cosas, ¿qué ganaste, si se te olvidó tu propia vida? —Kempis.
· Aunque sólo vieras tinieblas en ti, ya esa sería una gran luz. —Raúl Plus, S.J.
· En las grandes cosas los hombres se muestran como les conviene mostrarse. En las pequeñas, como son. —Chamfort.
· El hombre es un microcosmos. —Pitágoras.
· Hay en el niño algo de hombre desde la cuna, como hay en el hombre algo de niño hasta la tumba. —Valtour.
· Si pienso en mí cuando estudio al ser humano, no es por egoísmo: es porque soy el hombre que tengo más a mano. —Trueba.
· El hombre no es más que una caña de las más débiles de la naturaleza; pero es una caña que piensa… —Pascal.
· Sírvate de aviso y de perpetua humildad la caída de los soberbios. —Kempis.
· Para llegar al conocimiento de la verdad hay muchos caminos: el primero es la humildad, el segundo es la humildad, el tercero es la humildad. —San Agustín.
· Sé humilde, porque la vida confesará tus errores. —Anónimo.
El, entonces, les dice: «Venid también vosotros aparte,
a un lugar solitario, para descansar un poco.»
Pues los que iban y venían eran muchos,
y no les quedaba tiempo ni para comer.
Marcos 6,31
Este es un verbo de sabor religioso, que sin embargo puede abarcar la vida entera.
Retirarse es tomar distancia; hacer una pausa; cambiar de ambiente, de ritmo y de compañía; leer la vida y prepararse a escribir en ella.
Retirarse es «tirar de sí», sustraerse temporal o definitivamente del curso de los acontecimientos. Es una acción deliberada, un acto de lucidez, de amor y de respeto hacia sí mismo, por el cual se quiere cuidar, renovar y enriquecer la propia vida. Es comenzar a admitir que el mundo puede subsistir sin nosotros y nosotros sin él, que la vida es más de lo que ha sido y que lo definitivo está por decirse.
Quien nunca se retira se ha condenado a ser ausente, a ser vivido por otros y a ser espectador de su única oportunidad en la existencia.
Retiro: ¡cuánta salud traes al alma!
1. ¿Qué te imaginas al pensar en este verbo?
2. ¿A dónde vas, cuando deseas retirarte, estar a solas?
3. ¿Piensas que sirve de algo retirarse? ¿Por qué?
4. ¿Qué haces cuando estás a solas?
5. ¿Cada cuánto necesitas o deseas estar a solas?
6. ¿Qué causas se dan, cuando deseas estar a solas?
7. ¿Te da miedo estar a solas?
8. ¿La soledad es para ti sinónimo de retiro, o de otra cosa?
9. ¿En qué crees que se parecen y en qué se diferencian la soledad
del retiro?
10.¿Qué esperarías de un retiro?
1 Señor,
oye mi clamor y hazme justicia,
atiende a mi
súplica, que en mi boca no hay engaño.
2 Tu
sentencia me será favorable,
tus ojos ven dónde
está la rectitud.
3 De
noche tú examinas y sondeas mi corazón;
si me investigas,
no encontrarás nada ignominioso.
4 Mi
boca no se ocupa de lo que hacen los demás;
mi atención se
dirige a las palabras de tu boca.
5 Mis
pies no transitan los caminos del ladrón,
seguí sin vacilar
el sendero que tú me señalaste.
6 Porque
sé que me respondes, yo te llamo, oh Dios,
ponme atención y
escucha mis palabras.
7 Muestra
los prodigios de tu amor,
tú que salvas al
que a ti se acoge
de los que
alardean frente a ti.
8 Protégeme
como a la niña de los ojos,
escóndeme a la
sombra de tus alas,
9 de
los malos que de mí abusan,
de los enemigos
que me acechan.
10 Tienen corazones insensibles
y hablan con
altanería.
11 Están alrededor para acecharme,
atentos a ver cómo
me derriban.
12 Se parecen al león ávido de
presa,
echado en la
espesura.
13 Levántate, Señor, hazles frente
y derríbalos,
líbrame del
malvado con tu espada.
15 Yo vengo a tu presencia en
busca de justicia,
y al despertar
contemplaré tu rostro.
· La soledad no es el designio original de Dios para el hombre (Gén 2,18). Quien está solo, como el huérfano, la viudad y el extranjero, a menudo queda en manos de los malvados (Is 1,17.23). Sin embargo, Cristo asumió nuestra soledad en el desierto donde venció al Malo, al Adversario (Mt 4,1-11; 14,23) y donde se unió y nos unió estrechamente al Padre Dios, como victoria sobre toda soledad (Mc 1,35.45; Lc 9,18; 1Re 19,10).
· En la Biblia, el desierto tiene dos aspectos. En un sentido, es la tierra que no ha bendecido Dios (Gén 2,5; Is 6,11), sitiuación invivible que suele ser mirada como un castigo (Jer 2,6; 4,20-26; Ez 6,14; Lam 5,18; Mt 23,38) porque en ese desierto habitan los demonios (Lev 16,10; Lc 8,29; 11,24) y bestias maléficas (Is 13,21; 14,23; 30,6; Sof 2,13s). Pero Dios quiso que su pueblo pasase por esa tierra espantosa (Dt 1,19) porque en ese despojo Dios y sólo Dios es el guía de su pueblo (Éx 13,21), a pesar incluso de las infidelidades del pueblo (Éx 14,11; 16,2s; Núm 14,2ss; Dt 8,2ss.15-18), y en esa austeridad el culto se hace sobrio y sincero (Am 5,25). Así Dios hace del desierto un lugar de encuentro fiel y amoroso (Os 2,16) en el que desposará a su pueblo (Os 2,21s). Por eso hubo israelitas que quisieron vivir siempre en desierto (los rekabitas, Jer 35, y también los monjes de Qumrán).
· Cristo santificó el desierto (Mt 4,1-11), porque venció la prueba en fidelidad a su Padre Dios. Él mismo se refugió de la ambigüedad de la muchedumbre en la soledad y el retiro (Mt 14,13; Mc 1,45; 6,31; Lc 4,42) y sobre todo en la oración (Mc 1,35). Tras Cristo, la Iglesia avanza como por un desierto hacia el reposo que su Señor le ha prometido (Heb 4,1).
· Los hombres del mundo creen que si no se agitan no trabajan. —Bossuet.
· ¡Cómo nos desconcierta la desproporción de la vida de Cristo: treinta años de retiro, tres de apostolado!—C. E. Mesa.
· Es imposible conocer y amar a Dios sin empezar a parecerse a Él. —L. Evely.
· Viajero de Dios, debo mirarlo todo desde el punto de vista de Dios. —C. E. Mesa.
· Un cristiano se hace contemplativo, no para escaparse del mundo, ni para experimentar unas cuantas emociones espirituales. El contemplativo cristiano contempla a un Dios encarnado, a un Dios crucificado y salvador. Le resulta, pues, imposible ser contemplativo sin ser misionero. —L. Evely.
· La soledad es la patria de los fuertes. —P. Ravignan.
· Parece una paradoja; pero para definir las personalidades más definidas y auténticas, el mejor camino ha sido siempre abrirse y entregarse a una total invasión de Dios. —C. E. Mesa.
· Lo que un alma pide a otra alma es un poco de esa paz que sólo Dios da. —Anónimo.
· En el silencio y el recogimiento se pronuncian las palabras de amor que unen más intensamente a Cristo. —Palau.
· Sé una conciencia. —Edgar Quinet.
· Cuando el hombre está solo muestra todo lo que ocultaba. —Palau.
Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba:
«¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí
quién era el mayor.
Marcos 9,33-34
Reza un antiguo proverbio: «el hombre tarda dos años aprendiendo a hablar, y el resto de la vida aprendiendo a callar».
Callar es más que dejar de hablar; es hacer silencio, esto es: hacer que el silencio sea posible; o también: alcanzar el silencio, que tan presto parece huir de nosotros.
Callar no es seguir conversando, argumentando o insistiendo dentro de nosotros, sin que nadie lo note; tampoco es un acto de la ignorancia, la cobardía o la indiferencia; no es una estrategia, ni un refugio, ni una imposición.
Callar es saludar la propia frontera, es permitirse aprender, es absolver los ecos del pasado, es dar la palabra, es llenar de contenido lo ya dicho y lo que está por decir, es venerar lo inefabley aguardar, con la creación entera, que Dios dé su parecer.
1. ¿Cómo tomas, qué te dice el verbo callar?
2. ¿Es dificil callarse? ¿Por qué?
3. ¿Te parece necesario hacerlo? ¿Por qué?
4. ¿Te cuesta o te es cómodo callar? (Explica).
5. ¿Cuándo te parece que es prudente callar?
6. ¿Te parece lo mismo callar que hacer silencio?
7. ¿Crees que este verbo está condicionado a algún tipo de interés?
Analízalo y comenta.
8. ¿Hay «algo y alguien» en tu historia que quisieras que se callara?
9. ¿Existe en tu vida «algo» para callar? ¿Por qué?
10.¿Ante quién te callas?
1 El
Señor, Dios de los dioses,
habla y convoca la
tierra,
de oriente hasta
occidente.
2 En
Sión resplandece Dios con belleza consumada;
3 llega
nuestro Dios, no callará.
Lo precede fuego abrasador,
lo rodea terrible
tempestad.
4 Llama
al cielo y a la tierra
para entablar
juicio a su pueblo:
5 «Reúnanme
a mis fieles,
que sellaron mi
alianza con un sacrificio.»
6 Y
los cielos proclaman su justicia,
porque Dios va a
juzgar.
7 «Escucha,
pueblo mío, que te voy a hablar;
Israel, voy a
acusarte;
yo soy Dios, tu
Dios.
8 No
son tus sacrificios lo que te echo en cara;
tus holocaustos
están siempre ante mí.
9 No
te pido novillos de tu casa,
ni cabritos de tus
rebaños.
10 Pues míos son los animales de
los montes
y el ganado que
pasta en las dehesas.
11 Yo conozco las aves silvestres,
todo lo que se
mueve en el campo es mío.
12 Si tuviera hambre, no te lo
diría,
pues mío es el
orbe y lo que hay en él.
13 ¿Crees que yo como carne de
novillos
o bebo sangre de
cabritos?
14 Ofrece a Dios un sacrificio de
alabanza,
cumple tus
promesas al Altísimo.
15 Invócame cuando estés en el peligro,
yo te libraré, y
me honrarás.»
16 Al malo, en cambio, dice Dios:
«¿Por qué andas recitando mis
preceptos,
y repites las
palabras de mi alianza,
17 si detestas mi enseñanza,
y desprecias mis
palabras?
18 Si ves un ladrón, corres con
él,
y vives en
compañía de los adúlteros.
19 Tu boca está lista para la
maldad,
tu lengua trama
engaños.
20 Te sientas a hablar contra tu
hermano,
a cubrirlo de
ignominia.
21 Esto hiciste, ¿y quieres que me
calle?
¿crees que soy
como tú?
22 ¡Piénsenlo bien, los que
olvidan a Dios!
No sea que los
arrebate, y no haya quien lo impida.
23 Quien ofrece un sacrificio de
alabanza,
ese me da honra.
A quien cumple su deber,
le haré ver la
salvación de Dios.»
· “Hay tiempo de callar y tiempo de hablar” enseña el Eclesiastés (Qo 3,7), y buena parte de la literatura sapiencial intenta inculcar esa prudencia en el uso de la palabra (Pr 17,28; Sir 11,7-9; 20,1.5-8.18; 28,13-26; St 3,1-12), a veces aplicado al caso concreto de los juramentos (Sir 23,9; 23,20s; Mt 5,34s; St 5,12) de los secretos (Pr 11,13; 20,19; 25,9; Sir 27,16-21) y de la mucha palabrería (Pr 10,19; 11,12s; 17,28; Qo 10,14; Mt 6,7; 1Co 4,20; 1Tim 1,6-7).
· Hay distintos modos de callar, porque hay distintos silencios: el de indecisión (Gén 24,21), el de aprobación (Núm 30,5-16) el de confusión (Neh 5,8) o miedo (Est 4,14). Hay silencios de arrepentimiento y vergüenza (Job 40,4; 42,6; Rom 3,19; Mt 22,12) y silencios de confianza en la providencia (Lam 3,26; Éx 14,14).
· En realidad, la palabra es atributo propio del Dios verdadero, pues los dioses falsos “tienen boca y no hablan” (Sal 115,5; Bar 6,7). Y por eso Dios provee con su palabra, alternando el silencio con la revelación de sí mismo (cf. Rom 16,25). Su silencio en este sentido es como una maduración de aquello que nos ha ido revelando (cf. Misal Romano, Prefacio de la Plegaria Eucarística IV).
· Sin embargo, la falta de la palabra divina toma a veces aspecto de castigo, como consecuencia de la indiferencia con que esa palabra ha sido recibida y desobedecida (Ez 3,26; Hab 1,13; Sal 83,2; 109,1). Un sentido semejante tiene el silencio de Jesús en su pasión (Mt 26,63; 27,12.14; Jn 19,10s). Tal silencio invita a la conversión (Is 64,11; cf. Jn 19,12) que está sustentada por la paciencia de Dios incluso en nuestras infidelidades (Is 57,11).
· El hombre de hoy vive nuevamente en Babel, ciudad de estrépitos y de palabrería confusa. —C. E. Mesa.
· El Verbo eterno provino del silencio del Padre. —San Ignacio de Antioquía.
· ¡Me anonada el silencio de los espacios infinitos! —B. Pascal.
· Tiene particular fuerza el silencio de la noche, como para adormecer los cuerpos; así también para despertar las almas y llevarlas a que conversen con Dios. —Fray Luis de León.
· Calla, o di algo mejor que el silencio. —Anónimo.
· Quien de veras posee la palabra de Cristo, sabe también escuchar su silencio. —San Ignacio de Antioquía.
· ¿Un ideal? Vive en secreto para Dios. —Kempis.
· Cierra la puerta, calla tu palabra: ya el alma tiene su música. —Anónimo medieval.
· A estos grandes espacios de silencio que atraviesan mi vida les debo todo cuanto puede haber de bueno en mí. —Psichari.
Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
Mateo 2,10
La fisiología nos permite describir el mirar como un camino, un recorrido de impulsos lumínicos y neuronales que llega finalmente a la corteza cerebral. Tal descripción físico-neurológica puede hacernos creer que ya sabemos lo que es mirar. En realidad, ella es, a lo sumo, una mirada al mirar.
Mirar, en sentido pleno, es descubrir, o mejor, estar atento al continuo des-cubrimiento del mundo ante nosotros. Es una sostenida sensibilidad que, en lo obvio y a través de lo obvio, adivina la figura del universo.
Más que ansia de novedades, es un nuevo modo de verse, que cambia nuestros modos de buscar lo que vemos;
más que deleite de lo bello, es la donación de sentido con que un alma bella y atenta reconoce la belleza del Creador.
En verdad, ¡cuánta claridad está reservada a los ojos que saben mirar!
1. ¿Normalmente qué atrae tu mirada?
2. ¿Cambiarías algo de ti para mirarlo «mejor»?
3. ¿Qué es lo que más miran físicamente de ti?
4. Cuando te miran, ¿qué impresión o imagen crees que das?
5. ¿Quisieras o esperarías que te mirasen como a una persona de qué
características? ¿Lo eres? ¿Qué te dicen los demás?
6. ¿Qué no quisieras que miraran?
7. ¿Cómo miras a Dios?
8. Describe tu modo de mirar el mundo. (No qué ves en el mundo).
9. ¿Normalmente qué miras en alguien para hacerlo tu amigo?
10.¿Te gusta o te disgusta ser mirado?
1-2 El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento
muestra ser obra de sus manos.
3 Día
tras día se trasmite este mensaje,
noche tras noche
se da a conocer,
4 sin
que haya voces ni palabras,
sin que resuene su
voz.
5 Por
toda la tierra se escucha esta noticia,
llega hasta el
último rincón del mundo.